Siria: Un territorio intervenido por las Grandes Potencias.

En un principio, Siria formó parte del Imperio Romano de Oriente (más tarde conocido como el Imperio Bizantino). En esa época, se constituyó como una de las regiones más prósperas del Imperio gracias a las grandes redes comerciales que se construyeron alrededor de las exportaciones de vino, frutas (especialmente ciruelas e higos), sustancias para la producción de perfumes y medicamentos y el desarrollo de las industrias textil (tela y tejido) y de cristalería.

 

 

 

 

En 1453, el Imperio Otomano concluyó la invasión al Imperio Bizantino, lográndose hacer con la extensión territorial que éste había conseguido. De esta forma, Siria, pasaba a manos de los otomanos.

 

 

A lo largo del siglo XIX, puede observarse una gran presencia de potencias extranjeras en los actuales territorios de Siria y el Líbano, principalmente, Francia y Gran Bretaña, como consecuencia de su importancia geopolítica. En este sentido, ambos territorios formaban parte del arco entre la ruta británica a la India y la ruta del Estrecho hacia el Mar Negro (the Straits route to the Black Sea).

 

 

Correspondiéndole a Francia gobernar en la parte oriental de Siria y debiendo su éxito a dos elementos: la religión y la economía.

 

 

Por un lado, el país actuó como gran defensor de la religión católica, instalando escuelas, orfanatos, asilos y hospitales en el área, a fin de aumentar su presencia y popularidad entre los musulmanes insatisfechos y los árabes-cristianos (también conocidos como Maronitas). Dicha vocación protectora encontró un acontecimiento de importantísima magnitud que el Estado supo aprovechar para incrementar aún más su prestigio: la masacre de Damasco en 1860. En tal ocasión, se realizaron una serie de ataques y matanzas a los sectores cristianos de la población.

 

 

Dicho acontecimiento fue repudiado por las principales potencias, quienes, en agosto de ese mismo año, firmaron dos Protocolos con el objetivo de realizar una intervención militar. Francia contribuyó con la mitad de los soldados que conformaron la coalición internacional y dirigió la acción militar bajo lo que en la actualidad llamaríamos “intervención humanitaria”; a fin de restablecer el orden, la justicia y la humanidad. Cabe destacar que, así como Francia adquirió el rol de protector de los cristianos, Gran Bretaña hizo lo mismo con los Druzes, una ramificación del Islam Shia.

 

 

Por otro lado, ya iniciado el siglo XX, Francia se transformó en el principal actor económico no sólo dentro de Siria, sino a nivel imperial. En este sentido, el 62,9% de la deuda pública del Imperio Otomano estaba financiada por sujetos franceses. Asimismo, aunque la dirección de lo que hoy podría llamarse Banco Central, del Imperio Otomano, estaba en manos rotativas de capitales británicos y franceses, eran éstos últimos quienes decidían las políticas de préstamos y operaciones fiscales. No obstante tales logros, la expansión de la esfera de influencia francesa estuvo dado, en mayor medida, por la instalación y desarrollo de las líneas férreas. De esta manera, Francia fundó cinco líneas que conectaron ciudades que actualmente se encuentran en el Líbano, Israel, Siria y Turquía.

 

 

Como ya se ha dicho, Siria pasó de estar bajo el control otomano al control francés. Esto fue consecuencia de la caída del Imperio Otomano al finalizar la Primera Guerra Mundial. Los territorios pertenecientes a dicha unidad, fueron repartidos entre Gran Bretaña y Francia por medio del Acuerdo de Sykes-Picot en 1916.

 

 

En 1946, Siria deja nuevamente de estar bajo control extranjero para formar su propio gobierno. Empero, tal transición fue caótica. En este sentido, los diez años posteriores a su independencia estuvieron marcados por una gran inestabilidad política derivada de la sucesión de 20 gabinetes diferentes y la redacción de 4 constituciones.

 

 

Hoy las tensiones continúan. El descontento social, las diferencias religiosas entre el gobierno y distintas partes de la sociedad, la fragmentación territorial y el incremento de poder de los grupos terroristas, se constituyeron como la justificación más clara para la intervención de potencias extranjeras que buscan garantizar la paz y seguridad.

 

 

Por lo tanto, la actualidad de Siria no está muy alejada de lo que ya le sucedió en otros momentos históricos. Desde un principio y hasta nuestros días, el territorio sirio, formando parte de los grandes imperios pero también como Estado independiente, ha estado dominado, influido y/o intervenido por diversos actores estatales.

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