Rusia y China arriban a un mega-acuerdo energético.

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El pasado 21 de mayo, la Federación de Rusia y la República Popular China firmaron un mega-acuerdo gasífero cuya importancia desborda el ámbito de la energía y representa un paso más en el estrechamiento de sus relaciones.

El acuerdo establece:

  • A partir del 2018 y por un plazo de 30 años, Gazprom exportará 38.000 millones de metros cúbicos anuales, de gas natural a China.
  • Como contrapartida, la China National Petroleum Corporation (CNPC) pagará unos 400.000 millones de dólares.
  • La materialización del acuerdo demandará inversiones en exploración, extracción y gasoductos por unos 20.000 millones a 55.000 millones de dólares. Beijing adelantaría unos 20.000 millones.

De implementarse el acuerdo:

  • Hacia el 2020, Rusia se convertirá en el 2° o 3° proveedor de gas natural de China, luego de Turkmenistán y Qatar (vía Gas Natural Licuado, GNL).
  • A su vez, China se transformaría en el 3° mercado para las exportaciones gasíferas de Moscú. Quedando detrás de Europa (con 161.000 millones) y las ex repúblicas soviéticas (con 59.000 millones).

El acuerdo comenzó a negociarse hace aproximadamente 10 años, cuando China empezó a experimentar un boom en la demanda de energías y, paralelamente, Rusia buscaba diversificar sus clientes, en función de minimizar su dependencia de los europeos. Sin embargo, las negociaciones se estancaban una y otra vez cuando llegaban a la definición del precio.

Los rusos pretendían cobrarles un precio semejante al que abonan los europeos. Es decir, unos 380 dólares por 1000 metros cúbicos. Como contrapartida China pretendía pagar una cifra inferior; cercana a lo que paga por el gas de Turkmenistán, unos 350 dólares.

Si bien los detalles del acuerdo todavía no son públicos, se estima que China salió ganando e impuso su precio. Distintos periodistas, advierten que Beijing tenía las de ganar:

  • Las reservas con las cuales Moscú abastecería a Beijing, se hallan en Siberia Oriental. Alejadas de casi cualquier mercado y solo próximas a China y, en menor medida, a Japón.
  • Las acciones de Rusia en Crimea, han desmejorado su posición en Occidente y la exponen a posibles sanciones por parte de EE.UU. y la Unión Europea. Por lo tanto, era el momento oportuno para terminar de proyectarse sobre China/Asia.
  • Gazprom necesita diversificar clientes y desde hace tiempo entiende que su futuro pasa por insertarse en los dinámicos mercados de Asia Pacífico. En esa dirección, una fructífera relación con la República Popular, podría servirle de plataforma para lanzarse sobre mercados como Corea del Sur y Japón.

Sin embargo que “términos relativos” China haya salido ganando, no debe oscurecer que ambos Estados estén ganando en “términos absolutos”.

  • El acuerdo energético (el cual ya es el tercero en su tipo) se enmarca en uno de los mejores momentos de las relaciones sino-rusas. Inclusive mejores que en la década de 1950, cuando la URSS y la RPCh. establecieron una alianza militar e iniciaron un amplio programa de cooperación.
  • Para China, Rusia es una “plaza segura de aprovisionamiento” dado que se trata de una gran potencia que puede amortiguar sanciones en su contra y cuenta con abundantes recursos energéticos. Adicionalmente como son territorialmente contiguos, China puede abastecerse vía gasoductos. Los cuales son más seguros que los envíos de GNL, que podrían ser presa de un bloqueo naval.
  • Para Rusia, China representa un gran mercado y un inversor que dinamice la periférica región de Siberia Oriental. Por otra parte, la integración energética es (junto a la tecnología militar) una de las pocas cartas que Rusia puede jugarle a China. En ese sentido, Moscú apuesta a construir una interdependencia asimétrica en materia de energía. No obstante, Rusia no usaría el gas como un arma o elemento de presión – como sí lo usó con Europa y Ucrania – sino como un factor a su favor en la mesa de negociaciones.
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