Protesta y revueltas en Hong Kong: ante el no arribo de la “Primavera China”.

  by    0   0

Hong Kong Democracy Protest

El pasado 31 de agosto, el Comité Permanente del Congreso Nacional del Pueblo de la República Popular China (más conocido por sus siglas en inglés, NPCSC) aprobó una serie de medidas que diluyeron la posibilidad de elegir democráticamente al futuro gobernador o, formalmente, jefe del Ejecutivo de Hong Kong, en 2017.

El NPCSC sancionó que los candidatos deberán ser aprobados por un comité de “notables” (muy probablemente, hombres afines al Partido Comunista Chino, PCCh). Y, adicionalmente, los competidores deberán contar con el voto de al menos el 50% de los miembros de dicho comité.

La anterior legislación –la llamada Ley Básica de Hong Kong (heredada de los tiempos británicos) – también advertía que los candidatos tenían que ser aprobados por el Comité Electoral (que a partir del traspaso de soberanía a China, pasó a estar influenciado por el PCCh). No obstante, el efecto “filtro” se aminoraba cuando la misma ley reconocía que el Comité Electoral debía ser “representativo y amplio” y, más concretamente, solo exigía contar con el voto del 12,5% de dicho órgano para poder competir.

Con razonable criterio, puede afirmarse que los cambios introducidos diluyen la posibilidad de realizar una elección verdaderamente democrática. Controlando el Comité Electoral, será muy difícil que un candidato no apoyado por el PCCh pueda surgir.

Así lo razonaron los estudiantes hongkoneses; quienes se lanzaron a las calles, sostienen piquetes en el centro de la ciudad y están protagonizando la mayor protesta desde Tiananmén en 1989. En ese sentido, la prensa internacional comenzó a realizar analogías con la mencionada revuelta. Sin embargo, la actual crisis reviste un contexto doméstico e internacional muy distinto al de 1989.

En cuanto al contexto doméstico:

Debe tenerse en cuenta que Hong Kong no es una provincia china, sino una Región Administrativa Especial; lo que significa que tiene un mayor grado de autonomía frente al resto del país. La ciudad posee su propia moneda, política económica e inclusive vota libremente al 50% del Poder Legislativo de Hong Kong. Solo le corresponde al Estado nacional las competencias en política exterior y política de defensa.

Debe tenerse especialmente en cuenta a la Ley Básica de Hong Kong, conocida como una “mini constitución”, dado que garantiza los derechos a juntarse en asamblea, libertad de discurso e inclusive el derecho a la protesta. En la práctica, esto significa que los hongkoneses tienen el derecho y la posibilidad de contar con una cuenta de Facebook o Twitter, facilitándose así la organización de la protesta, entre otras ventajas que los chinos continentales no poseen.

Otra variable en el plano doméstico, es la autopercepción que Beijing tiene de sí mismo. En 1989, la reforma económica llevaba diez años pero todavía nadie concebía a China como una potencia emergente y, lo que es más importante aún, en ese momento no alcanzaba un consenso absoluto entre los dirigentes del PCCh. Existían líderes que creían que la reforma conduciría necesariamente hacia algún tipo de liberalización política y así se precipitaría la caída del PCCh. La revuelta de Tiananmén era para ellos “la punta del iceberg” de lo que se venía.

Por el contrario, 2014 encuentra a Beijing seguro de sí mismo. Las debilidades domésticas –tales como rebeliones en el Tíbet, Xinjiang, revueltas campesinas, intelectuales críticos al PCCh, activistas religiosos como los miembros de Falun Gong o los cristianos, y un largo etc.– siguen constituyéndose en la mayor amenaza a la seguridad del Estado. No obstante, China ha sabido hacer un management de ellas.

Aquellas que atacan a los criterios de legitimidad del régimen, son estrictamente vigiladas y, a menudo, son preventivamente abortadas. Para ello se valen de diversas fuerzas de seguridad, a distintos niveles de gobierno, donde se destaca la Policía Armada del Pueblo. Para tener una idea de la importancia que Beijing le asigna a la seguridad interna, ténganse en cuenta que en 2012 dichas fuerzas recibieron una partida presupuestaria de 111.000 millones de dólares; mientras que a las Fuerzas Armadas les presupuestaron 107.000 millones.

Como contrapartida, se encuentran aquellas protestas y manifestaciones relacionadas al mundo laboral, las trasformaciones que la rápida urbanización está produciendo e, inclusive, reclamos puntuales contra ciertos líderes menores del PCCh. Dado que no atacan a los criterios de legitimidad del régimen, Beijing suele ser más condescendiente.

En cuanto al contexto internacional:

A simple vista saltan las diferencias. A mediados de la década de 1980, Moscú había comenzado las reformas de glásnost y perestroika, las cuales demostraban la necesidad que los “socialismos reales” tenían de reformarse y fueron muy atentamente seguidas por Beijing. En junio de 1989, se produjo la masacre de Tiananmén y China se transformó en un “paria internacional”, experimentando distintos tipos de sanciones. Desde entonces EE.UU. prohibió las exportaciones de armas y tecnologías duales hacia China.  En noviembre del mismo año, cayó el Muro de Berlín. En paralelo cayeron los distintos regímenes comunistas de Europa oriental y, finalmente, en diciembre de 1991 se disolvió la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Para 1992, el mundo posó su mirada sobre China, asumiendo una caída o el comienzo de un proceso de liberalización política. Sin embargo, y a pesar de la presión internacional, el PCCh y Deng Xiaoping resistieron la embestida.

Sin profundizar en el análisis, puede apreciarse que 2014 presenta una situación internacional infinitamente más promisoria que 1989. Muy difícilmente podría afirmarse que China se encuentra hoy a la defensiva en el escenario internacional.

En función de lo anteriormente argumentado, puede descartarse un escenario del tipo “Primavera China”, en el cual desde Hong Kong las protestas se expandirían hacia el resto del continente. Sencillamente, bajo las actuales condiciones, no existe margen para dicho escenario. Una protesta en China continental sería abortada (dado el estricto control policíaco) o reprimida, si lograse estallar. Siendo lo primero más probable que lo segundo.

Lo que ciertamente sí tendrá un mayor costo para Beijing, es el impacto de la resolución de la crisis de Hong Kong en su relación con Taiwán. La isla rebelde –de facto es un Estado soberano, pero de jure sigue sin declarar su independencia– ha sido seducida por China para reunificarse bajo la estrategia de “un país, dos sistemas” que actualmente impera en Hong Kong. Es decir, Taiwán podrá mantener significativos grados de autonomía en su política doméstica a condición de reintegrarse con el resto del país. Por lo tanto, la resolución de la crisis de Hong Kong impactará en cómo los taiwaneses evalúan, ponderan y confían en la palabra de Beijing.

En conclusión la crisis de Hong Kong, podrá expandirse en el tiempo pero muy difícilmente se extienda hacia China continental y el mayor costo para Beijing será las lecturas que Taiwán haga del manejo de dicha crisis.

Deja un comentario

Back to Top