Más allá del “Todo por 2 Pesos”: China asciende en la cadena global de valor.

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A lo largo de las dos últimas décadas, las cadenas globales de valor han acelerado su proceso de deslocalización de la producción en búsqueda de ventajas competitivas y/o costos más bajos. Esto significó que el componente importado en las exportaciones industriales de todos los países,  aumentó significativamente. Como resultado, por cada dólar de estás exportaciones – tanto de los Países Desarrollados (PD) como Países en Desarrollo (PED) – hay un mayor porcentaje de importaciones y menor participación de proveedores nacionales.

 

 

Con una excepción…la República Popular China (RPCh). Según un reciente estudio del Banco Mundial, en contraste con una caída que se experimentó a nivel internacional, en China el componente nacional en las exportaciones subió del 65% en el 2000, a 70% en 2007 y se espera que haya continuado creciendo (la data para la realización de dicho estudio, todavía no se haya disponible). Un mayor número se registró en el sector de los procesadores de información, donde el crecimiento fue del 46% al 55%.

 

 

Olvídense de la imagen que tenía de China.

 

 

La investigación del Banco Mundial confirma hipótesis e intuiciones que se venían elaborando. Y esto es que con cada año que pasa, la República Popular China se aleja del estereotipo fábrica “machesteriana” que el común de la gente presupone. Esto puede apreciarse en el sector textil, donde ya no hay tantas etiquetas con la leyenda: “Made in China” y en cambio pueden apreciarse “Made in Bangladesh” y “Made in Vietnam”. 

 

 

Cada vez en mayor medida, se reducen los sectores industriales que se apoyan exclusivamente en bajos salarios y, como contracara, se desarrollan sectores más tecnificados. Lo que está sucediendo es que China está avanzando “hacia arriba” de la cadena global de valor, abandonando los sectores intensivos en mano de obra (manufacturas de bajo valor agregado) y forjando sectores intensivos en capital y tecnología (manufacturas de alto valor agregado).

El siguiente gráfico muestra como a través de los años, el factor trabajo explica una menor participación en el valor agregado.

 

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Esto significa que el dragón asiático está produciendo bienes de capital,  bienes intermedios, componentes y subcomponentes que antes importaba. Y lo está haciendo, especialmente, en aquellos rubros que reportan los mejores beneficios, tales como semiconductores y maquinaria (donde ya tiene una ventaja comparativa).

 

 

De esta forma, China está dejando de ser una gigantesca fábrica ensambladora y comienza a producir bienes más complejos que luego inserta en computadoras, notebook y celulares que exporta al mundo. También – aunque a una velocidad mucho menor – está comenzando a lanzar marcas.

 

 

Un estudio del FMI también confirma esta tendencia. Ahí se puede chequear que la proporción de insumos importados que nutren a las exportaciones chinas ha estado descendiendo. En los últimos años, las fábricas del gigante asiático redujeron sus importaciones a razón de 1,6% por año. A mediados de la década de 1990 las exportaciones chinas estaban compuestas en un 40% por insumos importados, en 2015 ese porcentaje cayó al 19%. Lógicamente, la diferencia fue saldada por productores chinos.

 

 

¿Cómo lo logró?

 

 

Para algunos investigadores, la respuesta pasa por las políticas activas que emprendió Beijing. Por ejemplo: haber invertido 213.000 millones de dólares en procesos de investigación y desarrollo (R&D, por sus siglas en inglés), cifra que equivale al 2,1% de su PBI (todavía por debajo del promedio de los Países Desarrollados pero por arriba de lo que invierten los Países en Desarrollo).

 

 

Para el Banco Mundial, la explicación pasa por el cambio estructural que experimentó la economía de China a partir de 2000, cuando su gobierno liberalizó el comercio (téngase presente que en 2001, la RPCh ingresó a la OMC) y la inversión extranjera directa (IED). Tal liberalización estimuló que empresas nacionales diversifiquen sus productos y se expandan hacia el sector de componentes y subcomponentes. Es decir, se transformen en proveedores de las multinacionales que llegaban a China (en ese entonces para capitalizar su mano de obra barata).   

 

 

Adicionalmente, el Banco Mundial también recalcó la importancia de lo que se conoce como “atracción selectiva de la IED”; es decir, aquellas políticas destinadas a atraer inversiones extranjeras que puedan generar encadenamientos productivos en el país. Las mismas permitieron que empresas nacionales puedan subirse a la cadena global de valor. En Innovaes, trabajamos está temática en nuestro 1º Working Paper “Inversiones Estratégicas de China: El caso Lenovo en Brasil” .

 

 

Conclusiones: ganadores y perdedores del ascenso de China.

 

 

El ascenso de China en la cadena global genera ganadores y perdedores. Entre los ganadores podemos citar a la gran mayoría de los Países Menos Desarrollados, quienes ahora pueden importar manufacturas más económicas. También resultan ganadores los países que ahora reciben inversiones que antes se dirigían a China producto de su mano de obra barata. Los textiles y otros secotres intensivos en trabajo van a Vietnam, Bangladesh y también India.

 

 

Entre los perdedores se encuentran sus grandes socios comerciales, especialmente aquellos que se sitúan “arriba” de cadena global de valor; tales como Japón, Corea del Sur y Taiwán. Pare ellos el ascenso de China representa un doble desafío. Por un lado,  las marcas chinas están comenzando a competir – no solo en el mercado interno de China – sino también en terceros mercados. Ese es el caso de Huawei, la telefónica china es ya el tercer productor global de celulares y se estima que en algún momento sobrepase a Samsung. Y al mismo tiempo, como ya se advirtió más arriba, los proveedores chinos están dejando fuera del mercado a productos que anteriormente se importaban.

 

 

El continuo ascenso de China está comenzando a ser una amenaza para sectores y países que se creían tecnológicamente distantes y que podían gozar de cierta impunidad. Son los casos de los PD y países altamente industrializados como Corea del Sur y Taiwán. En Latinoamérica, se encuentran en riesgo los países que cuentan con cierto grado de industrialización. Tales como Argentina, Brasil y México. Para el grueso de los países africanos y asiáticos – que no cuentan con una industria o se encuentran en un estadio de temprana industrialización (basada en la mano de obra barata) – hay complementaridad. En el caso de Argentina, debe advertirse que apostar por la continuación del status quo, por medidas proteccionistas o devaluaciones «competitivas» resultarían en una solución de corto plazo y que solo postergaría el problema. Es imperativo formular políticas públicas estratégicas para reconvertir al sector industrial.  

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