Los efectos de una logística deficiente: el interior más aislado

En materia de desempeño logístico, Argentina se encuentra en el puesto 61 de un total de 160 estados, según el ranking elaborado por el Banco Mundial. Esto significa que el país mantiene costos elevados que afectan su nivel de industrialización, competitividad y capacidad exportadora, particularmente hacia el interior del país.

Si bien estos datos dan a entender que el país “en conjunto” se enfrenta a una situación negativa, en realidad las desventajas se sienten con mayor fuerza en el interior. Es decir que la logística deficiente genera que el interior se encuentre más lejos de los mercados externos y además, esté en franca desventaja frente a productores europeos o brasileños que venden sus productos en el conglomerado argentino más grande, el Gran Buenos Aires.

Vemos por qué:

En materia de importación, los elevados costos logísticos influyen en el precio de venta de un producto siempre que contenga insumos importados o cuando su fábrica requiere de repuestos provenientes del exterior

En materia de exportación, los costos logísticos afectan la competitividad de los productos exportados desde el interior del país, fomentan la centralización de las operaciones de comercio exterior y promueven la localización de las empresas en el Gran Buenos Aires.

En este análisis, consideramos los siguientes trayectos terrestres: Catamarca-Buenos Aires y Chubut-Buenos Aires. Claro está, bien se podría haber tomado el ferroviario en el caso catamarqueño o el naval desde la provincia patagónica.

Respecto al primer caso, si bien es verdad que el ferrocarril siempre tiene costos menores, existe un gran problema: no hay confiablidad en los servicios existentes, por lo cual no se lo puede considerar como opción real al momento de la planificación del medio de transporte. Desde ya, una mejora de la infraestructura ferroviaria podría cambiar radicalmente esta lógica.

Respecto al caso chubutense si bien se podría realizar la coordinación desde otros puertos, la frecuencia de los viajes suele ser menor y el costo del flete, mayor. Una planta ubicada en el sur, por ejemplo, puede exportar desde el Puerto de Bahía Blanca pero puede ocurrir que la reducción de costos en el transporte local no llegue a compensar el aumento del precio en el flete internacional.

Ante este esquema, nos encontramos con algo irracional: salvo en el caso de China, el costo de transportar un contenedor es más bajo desde Brasil, UE y Sudáfrica que de Chubut o Catamarca. Y posiblemente China resulte más competitivo en tanto los bajos costos de producción compensan un flete internacional más caro. 

Adicionalmente, el interior encuentra un gran problema: salvo en épocas de cosecha, se debe pagar el roundtrip del contendor. Esto sucede porque no hay tanta cantidad de productos que puedan ser trasladados desde Buenos Aires y porque el transportista no quiere absorber los costos asociados al envío de un contenedor vacío o con poca mercadería. Por lo tanto, los incluye en el precio final.

Por todas estas razones, es tan importante considerar la logística al momento de planificar la inserción del país en el mundo ya que si bien las provincias analizadas están a no más de 1.000 km de distancia del Gran Buenos Aires, apenas pueden ser “competitivas” frente a socios comerciales ubicados a más de 20.000 km, como es el caso de China. Y eso nos dice mucho de los problemas de regionalización que trae aparejado, ya que la mala logística termina siendo contradictoriamente “favorable” para el Gran Buenos Aires ya que por un lado atrae la radicación de las fábricas pero también genera un nivel de concentración que es asfixiante e ineficiente.

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