Lidiando con el dragón: Un análisis de los acuerdos entre la República Popular China y Argentina.

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Para comprender los acuerdos firmados entre Argentina y la República Popular China, debe tenerse presente la política exterior de Beijing para la región que establece como prioridad la obtención de materias primas. Así se explica por qué el 70% de las inversiones chinas en América Latina se vinculan con la explotación de los recursos naturales y, buena parte del resto, se relaciona con infraestructura y logística asociada a dicha explotación (trenes, puertos, caminos, silos, etc.).

Paralelamente, China también comprende a la región como un target para sus exportaciones y, especialmente, aquellas de alto valor agregado. En ese sentido a partir de fines de la década de 1990, China comenzó a generar marcas propias. Pero al resultar muy difícil insertarse en los mercados maduros de EE.UU. y Europa, las empresas chinas apostaron por expandirse en los países en desarrollo; tal como los que constituyen al Mercosur. Según el especialista en China David Shambaugh, sus empresas están aplicando la doctrina militar de Mao Zedung. Dicha doctrina afirmaba que solo se lograba tomar las ciudades, a partir de haber tomado el campo o los alrededores. Traducido al idioma de los negocios significa que primero deben consolidarse en la periferia para luego desembarcar en el centro.

Por lo tanto, los acuerdos firmados respaldan la expansión comercial de China en Argentina, se suscriben a la doctrina militar de Mao y presentan objetivos netamente mercantilistas como el acceso a las materias primas, seguridad jurídica para sus inversiones y la apertura y ampliación del mercado interno para sus exportaciones. Dichos objetivos pueden apreciarse en los artículos 4, 5 y 6 del “Convenio Marco de Cooperación en Materia Económica y de Inversiones”, rubricado en febrero por el Congreso de la Nación.

En el artículo 4 – “Cooperación en materia de inversión industrial” – se propone acordar proyectos prioritarios con potencial de exportación hacia China y se mencionan a los sectores energético, minero, manufacturero y agrícola. Los analistas estiman que “prioridad” significará que las empresas chinas tendrán facilidades para importar bienes e insumos desde su país.

La búsqueda de dichas facilidades no es casual y tiene que ver con las particularidades de la política industrial de China. Con anterioridad a la crisis de 2008, Beijing incentivó de sobremanera la inversión en sectores como las navieras, siderúrgicas y otras “industrias de industrias”. Gracias a subsidios y políticas activas, dichos sectores pudieron agigantar sus inversiones y se volvieron dominantes a escala global. En el sector naval, China se queda con el 40% de los nuevos pedidos de barcos, en la siderúrgica aporta el 50% de la producción global y números semejantes se repiten en otras industrias pesadas. Pero la desaceleración de las economías de EE.UU. y la U.E. y la caída del mercado inmobiliario en China afectó a dichos sectores. Como forma de amortiguar la perdida, China busca hacerse de nuevos mercados. Pero estimando que dichas exportaciones podrían ser denunciadas por dumping, la diplomacia china busca articular acuerdos que le aseguren el ingreso de sus exportaciones.

El artículo 5 – “Cooperación en materia de infraestructura” – se afirma que los emprendimientos podrán efectuarse a través de la adjudicación directa siempre que estén sujetos a financiamiento concesional de la parte china. Esta cláusula implica que si las empresas chinas consiguen financiación, no se recurrirá a una licitación abierta y competitiva. También se estima que las empresas chinas contarán con ventajas para importar insumos y, una vez finalizada la obra, la concesionaria dependerá de bienes y servicios de dichas empresas para continuar operando la planta. A pesar que en algunos casos las obras serán llevadas adelante en asociación con empresas argentinas, el artículo no menciona la posibilidad de efectuar mecanismos de transferencia de know how u otras formas de captar capacidades.

En cuanto a este artículo debe advertirse que la reconstrucción del sector energético y la expansión de la infraestructura (claves para alentar el crecimiento económico en los próximos años), pueden actuar como incentivo para las industrias locales. Pero la adjudicación directa a empresas chinas significará abortar esta posibilidad. También debe considerase que las facilidades para importar y las adjudicaciones directas podrían entrar en colisión con la normativa del Mercosur y generar tensión con Brasil. Lo cual no sería prudente dado que el país vecino sigue siendo todavía el primer socio comercial y el principal mercado para las manufacturas de origen industrial (absorbiendo el 40%).

Por su parte, en el artículo 6 – “Facilidades” – se enuncia que se le otorgará a los nacionales de la otra parte facilidades para la realización de actividades lucrativas, en condiciones de igualdad con los nacionales del Estado receptor. Gracias a dichas facilidades las empresas chinas tendrán la posibilidad de importar su mano de obra, reduciendo sus costos pero anulando la generación de puestos de trabajo en Argentina.

La importación de mano de obra, ha sido ampliamente difundida en África. Donde – en ausencia de números oficiales creíbles – se calcula que hay cerca de un millón de trabajadores chinos. Además de la brecha cultural y del salario, las empresas chinas se inclinan a traer a sus propios trabajadores para poder eludir la legislación laboral. Por su parte, los trabajadores chinos obtienen un ingreso que duplica lo que cobrarían en China y la posibilidad de ahorrarlo en su totalidad dado que la empresa brinda hospedaje y comidas. No obstante, las condiciones laborales suelen ser deplorables y sufren situaciones de hacinamiento. Lo que eventualmente conduce a que se produzcan disturbios, huelgas u opten por desertar.

Finalmente, debe mencionarse que si bien existe una complementariedad económica entre ambos países (que se basa en las exportaciones argentinas de recursos naturales y las importaciones de manufacturas chinas). También existen riesgos y la firma del Convenio Marco los pueden magnificar. En ese sentido, los mismos estudios que afirman la existencia de dicha complementariedad también advierten que en el sector industrial hay competencia y no complementariedad.

Consecuentemente los investigadores califican al gigante asiático como una “amenaza directa”, si sus exportaciones – en un determinado sector – aumentan y, al mismo tiempo, decaen las exportaciones del mismo producto de un segundo país. Y lo definen como una “amenaza parcial”, si las exportaciones de ambos países aumentan pero las chinas lo hacen más rápido. Siguiendo esta categorización y a datos de 2009, el 97% de las exportaciones industriales mexicanas se hallan en jaque (52% bajo la etiqueta de “amenaza directa” y 45% como “amenaza parcial”). En Brasil se encuentran amenazadas el 84% (30% y 54%, respectivamente) y en el caso de Argentina, se trata del 73% de las exportaciones manufactureras (20% y 53%, respectivamente). Profundizando esta línea investigativa, se calculó que entre 1998 y 2011, Argentina perdió más de 6 puntos de participación en el mercado brasileño; mientras que al mismo tiempo China ganó más de 12 puntos porcentuales. Los sectores más perjudicados resultaron ser la siderúrgica, la textil, la petroquímica y la de bienes de capital.

Dos conclusiones pueden arrojarse: En primer lugar, dejando de lado el contenido de los acuerdos, la implementación de los mismos suele ser más importante. En ese sentido, debe preguntarse qué seguimiento político-institucional tendrán dichos acuerdos y qué tan preparados se encuentran los dirigentes políticos argentinos para lidiar con la inminente primera economía del globo. En segundo lugar, se aconseja una visión más prudente y menos eufórica de la relación con Beijing. Si bien su crecimiento incentivó a las exportaciones tradicionales de Argentina, la otra cara de la moneda señala que sus exportaciones están desplazando a las pocas manufacturas competitivas que nuestro país exporta. Por lo tanto, vale preguntarse o por lo menos debatir el precio que tiene la complementariedad económica con China.

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