Libro recomendado: “China goes global: The partial Power”, David Shambaugh, Oxford University Press, 2013.

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David Shambaugh es de nacionalidad estadounidense, nació en 1953 y se desempeña como profesor en la George Washington University. Se ha especializado en la República Popular China y cuenta con varios libros en su haber, de los cuales pueden recomendarse “Power Shift: China & Asia’s New Dynamics”, (2005) donde es compilador y “Modernizing China’s Military” (2003).

A pesar de la negativa del autor, el libro puede suscribirse a lo que él mismo denomina sarcásticamente “la industria del auge de China”. Pero a diferencia de muchos otros libros que hablan del ascenso de China, en vez de analizar lo mucho que avanzó “hacia arriba”, escalando posiciones en el ranking internacional o lo que el autor denomina una “mirada vertical”; su libro se plantea la necesidad de investigar la expansión “vertical” de Beijing. Es decir, “que tan profundo o arraigado” es su auge. Dejando de lado las largas listas de logros de China (tales como mayor fabricante de X, Y, Z, etc.), se procede con una mirada cualitativa.

Con ese enfoque cualitativo, Shambaugh analiza una serie de tópicos y arriba diferentes conclusiones preliminares. Por ejemplo, en cuanto a su identidad global el autor afirma que todavía no está definida y que tampoco hay una propuesta de lo que “China le ofrece al mundo”. Esta falta de definición, se contrapone con EE.UU. la U.E. y, en cierta medida, Japón; quienes sí han construido una identidad global. Al mismo tiempo, señala que hay una puja entre un ala pragmática, partidaria de la Escuela de la Interdependencia y representada por el Ministerio de Asuntos Exteriores y algunos miembros del Comité Central del PCCh. vs una facción de “hardliners”, partidaria de la Escuela Realista y representada por el Ejército de Liberación Popular y también elementos del Comité Central del PCCh.

Como contrapartida el autor presenta el ejemplo de lo que llama la “presencia económica global” de China, donde admite que es ya una potencia global; especialmente en comercio y energía. Sin embargo, aun en este tópico que es el más fuerte, Beijing es débil en relación a dos sub-ítems: Inversión Directa en el Extranjero y en cuanto a fondos de ayuda a los países menos desarrollados (conocida en inglés como Official Development Assistance).

Habiendo pasado revista a los distintos tópicos, Shambaugh arriba a la conclusión que China no es una Superpotencia, descarta que necesariamente lo sea en los próximos años y comprende que la mejor etiqueta que le queda es “Potencia Parcial”. Lo que significa que si bien China creció mucho en “términos verticales” y también lo está comenzando a hacer de forma “horizontal”, todavía tiene significativas cuentas pendientes como para estar a la altura de EE.UU. Por ejemplo: en cuanto a la “presencia económica global”, Shambaugh aprecia que las marcas internacionales chinas recién están haciendo su arribo y lo mismo puede decirse de su tecnología de vanguardia. En cuanto a la “presencia de seguridad global”, China está lejos de igualar el “Command of the Commons” que poseen las FF.AA. de EE.UU. y solo está haciendo avances significativos en cyber-guerra y capacidades navales para aplicar una estrategia de negación de espacios. En relación a su “presencia cultural global”, la situación es todavía más precaria. Para ilustrarlo, Shambaugh advierte que las películas estadounidenses recaudan 10.300 millones de dólares en su mercado y 19.300 millones en el extranjero. En contraste, los films chinos apenas recaudan 2.000 millones en su propio mercado y prácticamente nada en el extranjero. El autor concluye que el gobierno chino todavía cree que el soft power puede comprarse o construirse e ignora la posibilidad que surja espontáneamente de su sociedad.

Finalmente, Shambaugh también hace su aporte en cuanto a cuál debería ser la estrategia de EE.UU. frente al creciente auge de China. En ese sentido comprende que excluir o contener a China tal como se hizo durante las décadas de 1950-1960 y luego a comienzos de 1990 (como producto de la Masacre de Tiananmen), no resultó productivo. Por el contrario, debe continuarse con la política de  integrar a China a las instituciones internacionales (conocida a partir de la Administración Clinton como “engagement”). Específicamente, recomienda continuar y profundizar los programas de capacitación y formación de funcionarios chinos como forma de moldear y socializar a su gobierno. En contraposición a los teóricos y analistas realistas, Shambaugh rechaza las políticas de contención dado que las considera inútiles. A diferencia de la URSS en su momento, China ya se encuentra enlazada y conectada a la economía global.  Por lo tanto y, en sus textuales palabras, la contención sería como tratar de “reintroducir al genio a la botella”.

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