La relación triangular Rusia / Estados Unidos / Unión Europea, tras la Crisis de Crimea.

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Las relaciones internacionales de la Posguerra Fría no son las mismas del período anterior a la caída del Muro de Berlín y esto lo hemos podido notar en el espacio postsoviético en Europa Oriental y sus interacciones con Occidente, en este caso bajo el liderazgo de los Estados Unidos y la Unión Europea (UE).

Para tener en cuenta las variaciones en este triángulo de potencias, es importante destacar ciertos elementos que nos hacen entender el cambio en el modo de vinculación que existe en estos actores.

En primer lugar, es importante destacar el rol de la expansión de la OTAN a Europa Oriental y su relación con la esfera clásica de influencia rusa. En segundo lugar, el rol de los Estados Unidos en Europa Oriental en la Postguerra Fría y como ésta influye en su relación con Rusia. Por último, en lo que concierne a Rusia, cabe preguntarse si este país lleva adelante una política de expansión (restauración de la antigua política de los zares, continuada con éxito por la entonces Unión Soviética) o solamente busca consolidar su clásica esfera de influencia, sin ningún tipo de deseo imperialista, ni de enfrentamiento con Estados Unidos.

El fenómeno de la expansión de la OTAN hacia los países de Europa Oriental es un reflejo del rol hegemónico de los EEUU en el mundo post 1991: el proceso de democratización de los países de Europa del Este y el cambio de sus interacciones con los Estados Unidos y sus vecinos del oeste europeo nos muestran esta orientación. Rusia, el país más importante de las ex repúblicas soviéticas, no ha sido ajena a este proceso aunque la transición hacia un sistema democrático en este país, debido a su larga historia autocrática ha sido mucho más lenta; tal es así que hasta el día de hoy persisten fuertes rasgos autoritarios en el seno del sistema político ruso.

En este sentido, es interesante destacar como Estados Unidos y la Unión Europea han ido, poco a poco, penetrando en la clásica esfera de seguridad de Rusia. Los lazos entre los ex países comunistas de Europa Oriental con Occidente se han estrechado a lo largo del tiempo, las óptimas relaciones de EEUU con países más importantes del este europeo como Polonia, Hungría, la República Checa y Eslovaquia como así también la paulatina entrada de estos países a la Unión Europea reflejan cómo Occidente ha ganado terreno en lugares impensados en la época de la Guerra Fría.

La ampliación de la OTAN hacia el este y la entrada de nuevos países a la UE son fenómenos que están sumamente interrelacionados y, que en sí mismos, suponen un gran avance de los países occidentales en términos geopolíticos.

Ahora bien, terminada la Guerra Fría y con los Estados Unidos y Occidente en general formalizados, la pregunta que nos obligamos a formular es: ¿Qué papel jugará Rusia en este nuevo orden internacional?

A raíz de esto, surgen 3 posibles escenarios sobre cómo podría actuar Rusia.

En primer lugar, tal como lo define Alexander Dugin, una alternativa al poder de Occidente sería el expansionismo euroasiático por parte de Rusia, el papel de Eurasia no es ajeno a la realidad de Occidente, en este escenario un mayor poder de Rusia como un Estado multiétnico y multi-religioso llegaría a dominar incluso a Occidente formando alianzas con los países árabes y hasta incluso con Japón.

Por otro lado, hay quienes sostienen, como Dmitri Trenin, una política “pro-occidental” de Rusia;  en este escenario, Rusia, a diferencia de la ex URSS no tiene ningún interés en enfrentarse política e ideológicamente con Occidente ya que la misma Rusia también formaría parte del mundo occidental más allá de las diferencias político-institucionales a nivel interno. Esta teoría sostiene que el tradicional papel de Rusia en el espacio euroasiático ha dejado de existir, y que hoy en día, Rusia desarrollaría una identidad plenamente europea-occidental. En Asia, Rusia solamente tendría intereses relacionados a su seguridad y no con fines expansionistas.

Por último, otro posible camino para Rusia sería el indicado por el dirigente comunista Guennady Ziuganov, quien ve a Rusia como la “Tercera Roma”, tal como lo reflejaba la antigua política de la Rusia Zarista. El papel expansionista de Rusia no solo está relacionado a su seguridad sino que cumpliría con una misión evangelizadora y civilizacionista. Según esta teoría, los intereses rusos están absolutamente contrapuestos con los de Occidente, casi como un “juego de suma cero” en donde Rusia tendría la misión de garantizar el equilibrio y la estabilidad geopolítica mundial amenazadas por Occidente. Ante esto, Rusia debería reaccionar cuanto antes frente al paulatino avance de Occidente, pues de lo contrario, acabaría rodeada por las bases americanas y de la propia OTAN, cada vez más cercanas al espacio de seguridad por excelencia de Rusia.

Ante estos escenarios deberíamos preguntarnos cuál podría ser el más adecuado para analizar el comportamiento de Rusia en su relación con Occidente.

Analizando los rasgos internos de la economía rusa, se advierte que prácticamente posee una estructura tercermundista, muy similar a la de cualquier país de América Latina, fuertemente estatizada más allá de ciertas privatizaciones durante los años 90 y con un PBI muy inferior al de Estados Unidos. Podría afirmarse que Rusia no tiene los recursos necesarios para llevar adelante una política fuertemente expansionista como lo sugieren Ziuganov y Dugin, caso contrario su población (que tiene un nivel de vida muy inferior al de las sociedades occidentales) sufriría las consecuencias de una economía fuertemente militarizada.

En los años posteriores al fin de la Guerra Fría, la premisa de Trenin parecía haberse impuesto: las reformas internas dentro de la Federación Rusa como consecuencia de la desintegración del Imperio ruso, trajo aparejada una mejora de las relaciones entre Rusia y Occidente, reflejadas en gran medida en el cambio institucional a nivel interno y la nueva orientación hacia una economía de mercado y la entrada en el sistema económico-financiero occidental. Un ejemplo de esto fue el apoyo económico de los organismos de crédito internacionales como el FMI. Sólo la crisis de Chechenia supuso un breve paréntesis aunque no alteró de manera significativa, las buenas relaciones entre Rusia y los países occidentales.

Con la llegada de Putin al poder, la política interna comenzó a girar en torno a su figura y los niveles de autoritarismo volvieron a resurgir lentamente, muchos opositores se han exiliado y otros tantos han sido llevados a prisión. En el plano internacional, la política exterior tomó un sesgo bastante más nacionalista y se han producido tibios enfrentamientos con Estados Unidos y los países de Europa occidental. El conflicto más relevante fue la guerra de Osetia del Sur en agosto del año 2008, la cual supuso un enfrentamiento entre Osetia del Sur, el territorio de Abjasia y la propia Rusia frente a Georgia, ex república soviética aliada con los países occidentales.

Actualmente, la temática acerca de Ucrania acapara los focos de atención en la escena internacional dado que es un país que está en una encrucijada: debe elegir si adopta una alianza con Occidente y entrar a la Unión Europea o permanece en la esfera de influencia rusa.

Ya en 1994 Ucrania comenzó a deslizarse levemente hacia sus vecinos de Europa Occidental y también hacia los Estados Unidos con los acuerdos de cooperación entre Ucrania y la UE. Si bien las relaciones se han ido desacelerando luego de la llamada “Revolución Naranja” del año 2004, esto no significó un quiebre en la búsqueda de afinidad de Ucrania con la UE. En este mismo año, previo a la crisis de Crimea (marzo 2014) Ucrania formalizó un acuerdo de asociación con la UE, lo que podría considerarse una respuesta a la separación definitiva de Crimea del territorio ucraniano.

Rusia ha dejado en claro que un acercamiento entre la UE y Ucrania pondría en dificultad su relación con la Unión así como también con los Estados Unidos que se mostraron reacios a la separación de Crimea. La misma UE también amenazó con sanciones económicas hacia Rusia por la cuestión de Crimea que obviamente aumentarán en caso de que Rusia busque trabar las buenas relaciones entre Ucrania y la Eurozona.

¿Verdaderamente Rusia está amenazando el orden internacional con su jugada en Crimea y su influencia en Ucrania? ¿Cómo podemos estar seguros que Rusia no irá por más, después de Crimea? Por ejemplo,  fogoneando el separatismo sudoriental. Son preguntas que quedan abiertas.

Puede asumirse que pareciera inviable e ilógico que Rusia jugara sus fichas a un expansionismo al estilo de los Zares. Putin sabe muy bien que su país no está preparado para esto y que iría en contra de sus propias posibilidades. Una expansión “a los zares” pondría en jaque sus relaciones con Estados Unidos y, especialmente con la Unión Europea; la cual es la primera receptora de sus hidrocarburos.

Los líderes rusos, independientemente de su nacionalismo, saben que no deben descuidar estas cuestiones. Ni tampoco Crimea puede desencadenar un escenario de escalada de conflicto mayor (después de todo es tan solo el 3% del PBI de Ucrania). Ni Rusia puede darse el lujo de desafiar abiertamente a Estados Unidos y Europa dado que sencillamente no cuenta ni con los recursos económicos, ni militares para semejante aventura.

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