La política exterior en el Post Kirchnerismo: Hacia una estrategia de Potencia Media.

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La mayoría de los expertos y académicos coinciden en señalar que las administraciones de Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015) ofrecieron pocos resultados en materia de política exterior. La explicación se debe a la ausencia de voluntad política para emprender una estrategia internacional que busque maximizar el interés nacional. En contraste, se eligió una cómoda postura que combinó dos acciones: Por un lado, un ausentismo y auto-relegación en donde Argentina – deliberadamente – abandonó su ya poco protagonismo internacional. Esto puede apreciarse desde la caída en el número de participaciones en Misiones de Paz de Naciones Unidas, la indiferencia frente a las negociaciones comerciales y la inexistencia de protagonismo en los procesos de integración regional. La segunda acción fue una “ideologización gratuita” de la política exterior. La misma no ofreció ganancias concretas para el país aunque sí le generó ganancias simbólicas a sectores políticos y sociales cercanos al gobierno; quienes se enorgullecían del alineamiento argentino, a pesar de no estar obteniendo nada.

Por consiguiente, urge que la nueva administración direccione esfuerzos en la construcción de una nueva estrategia internacional. En ese sentido, el presente artículo sugiere elegir lo que se conoce como una estrategia de Potencia Media (PM).

Se entiende por PM a países como los Nórdicos, Holanda, Bélgica, Australia, Nueva Zelanda, etc.; los cuales no pueden competir con las Grandes Potencias pero sí poseen un poder relativo suficiente como para emprender iniciativas. En concreto, una estrategia de PM alude a un conjunto de políticas y acciones que apuntan a incrementar el protagonismo de un Estado, mejorando su imagen y posicionándolo en las negociaciones internacionales. Esto implica que el protagonismo es un activo que puede ser intercambiado por beneficios materiales. Por ejemplo: haber firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear y haber participado en los distintos regímenes para el control de tecnologías duales (típicas políticas de una PM), le permitieron a Argentina acceder a insumos y componentes nucleares. Lo que contribuyó a ser uno de los pocos países en desarrollo, con dominio del ciclo nuclear. En síntesis, la estrategia de PM tiene por objetivo maximizar el interés nacional; el cual se define como aquellas medidas que contribuyen a la seguridad internacional del Estado y/o al desarrollo económico.

Una estrategia de PM se compone de las siguientes políticas y acciones:

• Desarrollar una Diplomacia de Nicho: A diferencia de las Grandes Potencias, las PM no pueden “abarcar todos los mercados”. Por lo tanto deben hacer un uso eficiente de sus recursos políticos y diplomáticos, tendiendo a especializarse en donde mayores utilidades puedan obtener. Esta Diplomacia de Nicho tiende a surgir y prosperar en áreas donde: 1) Tienen alguna ventaja comparativa, 2) Les resulta fundamental para su Interés Nacional o 3) simplemente, creen que podrán hacerse con una ganancia. En el caso de Argentina estás tres áreas se superponen en temas como Energía Nuclear, Tecnologías Espaciales, Antártida, Misiones de Paz, Agricultura y Alimentos. En dichos temas, Argentina tiene ventajas comparativas, un interés o la posibilidad de hacerse con alguna ganancia. No obstante, una prioridad debería ser la Diplomacia de Nicho en Energía Nuclear y Tecnologías Espaciales; dado que afectan al desarrollo de la alta tecnología y que son vitales para dar el salto hacia exportaciones de mayor valor agregado. En esa dirección, resulta de importancia el activismo en el Régimen de Control de Tecnologías Misilísticas (MTCR) y en el Grupo de Proveedores Nucleares (NSG).

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• Participación activa en las instituciones internacionales y formación de coaliciones: Las PM consideran que las instituciones internacionales vuelven menos arbitrario el juego de poder mundial y que ,en cierto grado, restringen o condicionan el accionar de las Grandes Potencias; forzándolas a tener que rendir cuentas y explicar sus planes. Más importante, las instituciones internacionales representan un escenario que les permite a las PM ganar una visualización que de otro modo no podrían tener. Una de las tácticas más frecuentes para ganar esa visualización, es la formación de coaliciones; las mismas les permiten obtener una masa crítica que por sí solos no podrían lograr. Generalmente, las coaliciones se constituyen en un grupo de presión sobre diversos temas de su interés. Argentina supo comportarse como una PM en 1965, cuando logró que a la Asamblea General de la ONU emitiese la resolución favorable a su interés nacional. Se trata de la resolución 2065 que reconoció la existencia de una disputa por la soberanía de las Islas Malvinas e incentivó a que ambas partes procuren negociar la soberanía de dichas islas. Actualmente, la coalición IBSA (India, Brasil y Sudáfrica) se presenta como un modelo interesante. Se trata de países que buscan un asiento permanente en el Consejo de Seguridad y que hacen lobby tanto dentro como fuera de la ONU. Apoyándose en el concepto de Diplomacia de Nicho, Argentina debería promover y construir coaliciones favorables a su interés nacional. En su defecto, debería re-vitalizar aquellas en las que ya se encuentra (por ejemplo, el Grupo Cairns).

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• Protagonismo en las estructuras de integración regional: Los distintos procesos de integración tienden a actuar tanto como “escudos” para defenderse de distintas presiones que emanan del sistema internacional (por ejemplo, en sus orígenes la Comunidad Económica Europea (CEE) fue pensada como un escudo frente al expansionismo soviético) o como “plataformas” desde donde los Estados se lanzan al escenario internacional (la integración europea resultó en una plataforma para el re-lanzamiento internacional tanto de Francia y como de Alemania). Dichos ejemplos también nos indican que la integración regional no es “neutra” sino que se encuentra impregnada de los intereses nacionales de los Estados que la forman. Volviendo al plano nacional puede afirmarse que – como producto del ausentismo y auto-relegación arriba mencionados – Argentina perdió influencia en dichos procesos. Permitiendo que otros Estados llenen de contenido (no neutral) a los distintos procesos de integración regional. De esta forma, podemos ver una creciente “sudamericanización” y “deslatinoamericanización” que choca con nuestra histórica visión estratégica de entender a la región como “Latinoamérica”.

 

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• Generar mecanismos de interdependencia estratégica: Se entenderá por interdependencia estratégica al fenómeno que se da cuando dos o más países se necesitan mutuamente para resolver o avanzar en alguna cuestión relativa a sus intereses nacionales. En esa dirección, Argentina debe desarrollar distintas iniciativas que la transformen en un país necesario y, eventualmente, vital para los intereses de otros Estados. Como resultado, ganaría posicionamiento y poder de negociación frente aquellos países que participen en su mecanismo de interdependencia estratégica. Como ejemplos de mecanismos de interdependencia estratégica puede mencionarse las siguientes iniciativas. 1) Mejoramiento de la Hidrovía Paraná Paraguay: A través de dichos ríos, Paraguay, Bolivia y el interior de Brasil obtienen una vía rápida y económica para su comercio exterior. La importancia estratégica de la hidrovía se basa en: la reducción de los costos del transporte (logrando que la producción de los países ribereños sean más competitivos), el mejoramiento del comercio intra-Mercosur, el aumento de los ingresos de la región (mediante el incremento del comercio, la actividad económica y las oportunidades de recaudación por peajes) y la posibilidad de promover polos industriales que se apoyen en la ventaja logística que la hidrovía representa. 2) Antártida: Crecientemente, el continente blanco, presenta mayores niveles de actividad. Por un lado, se encuentra el turismo ecológico y, por otra parte, el despliegue de nuevas misiones y bases científicas por parte de países sin tradición antártica (como por ejemplo, India). Dada la cercanía geográfica, los más de 100 años de trayectoria y cierta capacidad de proyección (aunque severamente afectada), Argentina podría convertirse en un polo logístico y de servicios para arribar a la Antártida. Capitalizando en términos económicos al turismo y en términos diplomáticos a las misiones científicas. La geografía también podría impulsar mecanismos de interdependencia estratégica en cuanto a las distintas propuestas de “Corredores Bioceánicos”. Dado que Argentina “conecta” a los puertos chilenos en el Pacífico, con los centros productivos del Sur de Brasil y que dicha conexión atraviesa a la región central y pampeana; donde se concentra el PBI y la población de Argentina.

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En síntesis, la estrategia de PM le permitirá a Argentina incrementar su protagonismo. Lo que significará reconstruir su imagen, haciéndole ganar credibilidad y permitiéndole avanzar en objetivos de otras áreas de gobierno; como por ejemplo la política económica. Por otra parte, esta estrategia también le permitirá posicionarse mejor frente a las negociaciones internacionales; las cuales están llamadas a ocupar la agenda internacional de los próximos años. Téngase presente que recientemente se firmó un histórico acuerdo de libre comercio entre varias economías del Pacífico; el llamado Trans-Pacific Partnership (TPP, por sus siglas en inglés) que involucra a 12 países, incluidos EE.UU., México, Chile, Perú, entre otros. Paralelamente se está negociando un acuerdo similar entre EE.UU. y la Unión Europea, denominado Transatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP, por sus siglas en inglés). Y finalmente, no debe olvidarse que se encuentran pendientes negociaciones entre la Unión Europea y el Mercosur.

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