La evolución política en el espacio postsoviético.

disolución de la urss

La firma del Tratado de Belavezha el 8 de diciembre de 1991, significó la disolución de la URSS y su reemplazo por la Comunidad de Estados Independientes, pero sobre todo significó la culminación de un proceso liberalizador no sin turbulencias que había comenzado con las medidas de apertura política (glasnost) y de reestructuración económica (perestroika) impulsadas por Mikhaíl Gorbachov, con el fin de dejar de lado el estancamiento de la economía soviética, herencia recibida desde la era Brezhnev.

Las reformas que Gorbachov impulsó, terminaron tornándose inmanejables y precipitaron de manera acelerada el fin del socialismo real en Europa del Este. El espacio de influencia soviético se transformó en un mosaico de repúblicas independientes. A pesar que en teoría el fin del comunismo llevaría a las regiones postergadas de Europa la democracia liberal; las elecciones libres y todas las instituciones que Robert Dahl atribuye a las poliarquías – al día de hoy – están muy lejos de ser una realidad.

Regímenes hiperpresidencialistas y la oligarquización de elites cercanas al poder, caracterizan a la mayoría de los países de la ex “Cortina de Hierro”. A pesar que existen elecciones libres, se observa poco compromiso de parte de la clase política, con la consolidación democrática en la región.

Evolución política en Rusia:

En la Federación Rusa, poco se ha avanzado en estas dos décadas. En el periodo de 1991-1999, con Yeltsin como hombre fuerte, se arremetió sobre el Parlamento (bombardeándolo con tanques frente a la Casa Blanca en Octubre de 1993, por ejemplo) y se consolidó el “capitalismo nomenklatura”, es decir los tecnócratas del Partido Comunista, del KGB y el Komsomol, que aprovecharon su situación privilegiada para obtener créditos financieros y suministros a precios bajos, subvencionados por el Estado, contratos gubernamentales exclusivos, y amasaron grandes fortunas de manera rápida. Esos mismos grupos le brindarían un apoyo crucial a Yeltsin en las elecciones de 1996, financiando su campaña y poniendo a su disposición los medios de comunicación. Aunque Ziuganov tenía una estructura de base muy fuerte, no podía acceder de ninguna manera a la financiación de la que disponían Yeltsin y sus oligarcas.

La recesión global de 1998 afectó duramente a Rusia, dado el descenso en el precio de las materias primas, especialmente del petróleo, lo cual desató un ciclo de inestabilidad política que se cobró a cuatro Primeros Ministros. En agosto de 1999 Yeltsin nombró al ex jefe del FSB (ex KGB), Vladimir Putin como Primer Ministro y lo posiciono como su “delfín” de cara a las presidenciales del año 2000. Desconocido a su nombramiento, se ganó un lugar en la consideración de los medios de comunicación y del propio Yeltsin, como un hombre en el que se podía confiar, como un hombre que podía devolver a Rusia la estabilidad que hace tiempo el país añoraba. Yeltsin le dio fin a su ciclo anticipadamente entregándole el mando a Putin el 31 de diciembre de 1999, seis meses antes de finalizar su periodo legal.

La oportunidad de ejercer la presidencia y el resultado de la Segunda Guerra Chechena, que obtuvo gran apoyo de la opinión pública luego de los atentados terroristas chechenos, posicionó a Putin como el gran favorito en las elecciones presidenciales, las que ganó con holgura.

El periodo que corre desde el año 2000 hasta la actualidad, se destacó por el dominio absoluto de la agenda política por parte de Putin y su intento de consolidarse en el poder. El alza del precio del petróleo, benefició a la economía rusa, y por primera vez, descendió el desempleo. Sin embargo, se puede observar un endurecimiento y un descenso de la calidad democrática, evidenciado en hechos como la imposición de fuertes multas a las personas detenidas por participar en manifestaciones no autorizadas, la re-criminalización de la calumnia y el etiquetado el ONGs financiadas con fondos del exterior como “agentes extranjeros”. Además existe un fuerte control sobre el Internet y los medios de comunicación “privados”, están en manos de oligarcas afines al gobierno.

Según encuestas de la Agencia de Monitoreo del WPS, solo el 14% de los rusos cree que Rusia es un Estado democrático, el 54 por ciento dice que el país no es una democracia, y el 60% cree que sus votos no van a cambiar nada. Sin embargo, los rusos valoran la estabilidad, y consideran que el pragmatismo-mano dura de Putin, es preferible a la turbulencia política de las eras de Gorbachov y Yeltsin.

Actualmente, los organismos encargados de evaluar la calidad democrática, como por ejemplo Freedom House, consideran que Rusia no es un país libre (ostenta una calificación de 6,21, donde 7 es la peor nota), y lo califican como un “Régimen Autoritario Consolidado”, y muestran su preocupación por el deterioro de la calidad democrática y la reducción de las libertades mientras Putin continúe en el poder.

Evolución política en Georgia:

La evolución política en esta república del Cáucaso, estuvo signada por las turbulencias. Luego de la declaración de la independencia el 9 de abril de 1991, se celebraron elecciones, en las cuales resultó electo Zviad Gamsakhurdia. No obstante, un golpe de Estado y una sangrienta guerra civil, asolaron a Georgia hasta 1995. Gamsakhurdia fue derrocado y reemplazado por un “Consejo de Estado”, conformado por Tengiz Kitovani, Jaba Ioseliani, y el ex Ministro de Relaciones Exteriores de la URSS, Eduard Shevardnadze, recientemente fallecido. Además las regiones de Abjazia, y Osetia del Sur, declararon su independencia que, aunque no reconocidas, se mantienen “de facto”.

Shevardnadze fue electo oficialmente como presidente en 1995. La Constitución promulgada ese mismo año, se ajustaba a los criterios democráticos. Sin embargo, y a pesar de ciertos momentos de estabilidad, el secesionismo, la corrupción, y las elecciones fraudulentas, atentaron contra el desarrollo democrático de la región. Desde la comunidad internacional y desde la oposición se ha ido criticando el proceso electoral. El punto de inflexión fueron las elecciones parlamentarias de fines del 2003, cuyos resultados, denunciados por fraudulentos, despertaron protestas, que culminaron con la renuncia del propio Shevardnaze.

La llamada “Revolución de las Rosas” (llamada así por su carácter incruento), catapultaron al poder a una nueva generación de políticos jóvenes, con simpatías pro-occidentales y liderados por Mikhail Saakashvili, Zurab Zhvania y Nino Buryanadze. Buryanadze gobernó interinamente a Georgia, hasta la elección de Saakashvili quien asumió el 25 de enero del 2004. El nuevo gobierno, se embarcó en un ambicioso programa de reformas políticas. Las expectativas e ilusiones del público y de la comunidad internacional eran muy altas. Sin embargo, el nuevo gobierno priorizó la eficacia administrativa y la cohesión territorial (demostrado con su comportamiento ante Adzharia) antes que desarrollar un sistema democrático de control y equilibrio de poderes.

En lo económico apuntó a una liberalización de la economía, intentando promover una legislación firme que atrajera inversiones extranjeras y acabara con uno de los males endémicos de las ex repúblicas soviéticas; los monopolios en manos de organizaciones semi-criminales afines al gobierno. Sin embargo, como dijimos, se siguió deteriorando la calidad democrática del país. Las enmiendas constitucionales del 2004, concentraron más poder en el Ejecutivo a expensas del Legislativo. Las elecciones eran libres, pero en la práctica eran menos competitivas y había serias dudas de la independencia del Poder Judicial. La guerra con Rusia por Osetia del Sur en 2008, significó un duro revés para Saakashvili y para Georgia, tanto económica, como territorialmente. El conflicto terminó con la ocupación rusa y la secesión de Abjazia y Osetia del Sur. La independencia de estos territorios está reconocida por Rusia, Nicaragua, Venezuela, Nauru, Tuvalu y Vanuatu.

Las elecciones parlamentarias del 2012 calificadas como las más limpias que las anteriores, significaron el primer traspaso del poder pacifico a través del voto. El Movimiento de Unión Nacional de Saakashvili fue derrotado por el Movimiento del Sueño Georgiano, liderado por el multimillonario Bidzina Ivanishivili, quien prometió establecer una “verdadera democracia” en Georgia.

En la actualidad, según el último “Nations in Transit Report” de Freedom House; desde el 2012 el país ha mostrado una leve mejora en cuanto a la calidad del sistema democrático, ostentando una nota de 4,75 (la nota de 1, es la mejor calificación, y 7 la peor), siendo catalogado como “Régimen hibrido o de transición”.

La evolución política en Bielorrusia:

La historia de la Bielorrusia post-soviética está dominada por un actor principal: Aleksandr Lukashenko. Alcanzó la presidencia en 1994, en las primeras elecciones presidenciales, luego de la promulgación de la Constitución ese mismo año. Hasta la actualidad, Lukashenko sigue siendo ininterrumpidamente el Presidente.

El gobierno de Bielorrusia que es catalogado como “la última dictadura de Europa”, muestra grandes déficits en lo que a materia democrática refiere. Es considerado el país menos libre de Europa, de acuerdo con las calificaciones de Freedom House, en los reportes anuales que realiza desde el 2003. Además, reintrodujo los controles en los precios y revirtió las pocas reformas que se habían puesto en marcha desde 1991.

Políticamente hablando, la evolución ha sido nula. Lukashenko debía abandonar su mandato en 1999 pero prorrogó su estadía hasta el año 2001, cuando donde se celebraron elecciones en las cuales Lukashenko obtuvo el 75,6 por ciento. Los resultados son ampliamente cuestionados por la comunidad internacional y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) describió al proceso como un “fracaso de los estándares internacionales”.

Hacia el 2004, Lukashenko celebró un referéndum donde eliminó los límites del mandato presidencial; el mismo fue aprobado por un 77,3 por ciento. Previamente, Lukashenko había estipulado el límite en dos mandatos. Esto le permitió presentarse a las elecciones del año 2006 y 2011, ganando ambas con un caudal de votos superior al 75 por ciento. Además, están prohibidas las manifestaciones sin autorización oficial y existe un acoso sistemático a los activistas.

En la actualidad, Freedom House califica al país como “No Libre”, a su régimen como “Autoritario Consolidado” y la calificación es de 6,71 (donde 7, es la peor calificación).

La evolución política en Ucrania:

Desde su independencia en 1991, Ucrania adoptó una democracia parlamentaria-presidencial para su forma de gobierno, que celebra elecciones multipartidarias periódicas. Hasta el año 2004, primero con Kravchuk y luego con Kuchma, el país disfruto de cierta estabilidad política, bajo un régimen semi-presidencialista, pero con corrupción y con una oligarquía poderosa, cercana al poder político, casi como en todos los países detrás de la ex “Cortina de Hierro”.

En el 2004, Víctor Yanukovich triunfo en las presidenciales que fueron denunciadas por fraudes de parte de los candidatos, las protestas callejeras y la presión internacional que incentivaron el estallido de la “Revolución Naranja”. Dicha revolución provocó que las elecciones se repitieran llevando al poder al dúo Yuschenko-Timoshenko. Este proceso despertó esperanzas de consolidar por fin la democracia en Ucrania (un sentimiento parecido al que la “Revolución de las Rosas” engendró en Georgia). Ucrania demostró una tendencia hacia la democracia pluralista, los derechos humanos y la libertad de prensa. Lo cierto es que la coalición liberal-demócrata entró en crisis luego de 9 meses con la renuncia de Yulia Timoshenko por diferencias con miembros del gobierno. Así finalizaba la efímera experiencia de la Revolución Naranja.

Con el apoyo de Yuschenko, Víctor Yanukovich triunfó en las presidenciales de ese año, volvió a reformar la Constitución y transformó a la república en presidencialista. Dos años más tarde, Yanukovich obtuvo un rotundo triunfo en las legislativas y envió a la cárcel a Yulia Timoshenko, bajo acusaciones de corrupción. Entonces Yanukovich, en un contexto económico complicado, decidió no adherir al ingreso en la UE; lo cual provocó protestas y manifestaciones civiles que fueron fuertemente reprimidas por el gobierno. Al estilo Lukashenko, Yanukovich sancionó leyes que prohibían las protestas, lo cual “echó leña al fuego” y enardeció el clima confrontativo.

Yanukovich fue depuesto por la Rada Suprema, el 22 de febrero de 2014; en un proceso que no siguió los pasos establecidos en la Constitución. Esto no significó el fin de la crisis, ya que las regiones pro-rusas de Ucrania veían al acercamiento a la UE y a la caída de Yanukovich, como una amenaza. De ahí surgió la declaración de Independencia de la región autónoma de Crimea y su posterior decisión, mediante un referéndum, de formar parte de Rusia. Esto llevó a una escalada de tensión entre Rusia y Ucrania.

Tras las elecciones presidenciales del 25 de mayo, fue ungido Presidente Piotr Poroshenko; quien lleva adelante una campaña militar en contra de rebeldes separatistas del sudeste, lo cual ha generado una enorme tensión fronteriza con Rusia.

Conclusión:

Claramente la evolución política del espacio post-soviético, está atada al comportamiento de Rusia para con dichas republicas. Pero también es cierto y reiteramos, que no hubo un fuerte compromiso de la clase política para con las reformas institucionales que fortalecieran un pluralismo político y el desarrollo de la democracia al estilo “poliárquico” occidental.

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