India y Corea del Sur avanzan en sus intereses comerciales y estratégicos.

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En su primer viaje al exterior de su segundo año de mandato, la Presidente de Corea del Sur – Park Geun-hye –  visitó Ia República de India. Siguiendo a los medios de comunicación coreanos, la visita se enmarcó en una diplomacia comercial que tiene por objetivo ganar nuevos mercados. En esa dirección y sabiendo que India es el primer importador global de armas, Park promocionó su industria militar. La cual se caracteriza por su sofisticación tecnológica y relativos precios competitivos. Corea del Sur cree que puede contribuir a diversificar las importaciones militares de Nueva Delhi, actualmente muy concentradas en Rusia. No obstante, India ha hecho pública su voluntad de cómprale a aquellos que estén dispuestos a hacer transferencia de Know-How o producir en India; resta saber si Seúl estaría dispuesto. En segundo lugar, Corea del Sur está interesada en la construcción de plantas nucleares en India. Pero aquí el mayor obstáculo es la estricta legislación india en la materia. Más viable resulta la inversión en el sector industrial aunque la legislación y los gobiernos estaduales, también presentan dificultades. En ese sentido, puede mencionarse el caso de POSCO. Un gigante coreano del acero que estuvo a punto de retirar una millonaria inversión del pobre Estado de Odisha. A diferencia de China, India es menos receptiva a la Inversión Extrajera Directa (IED) así como también posee una infraestructura menos desarrollada y poco amiga con las grandes industrias.

Las áreas donde se considera más viable la cooperación son A) Lanzamiento de satélites: Se trata de uno de los pocos sectores de alta tecnología donde India (producto de su desarrollo con fines militares) se encuentra por arriba de Corea del Sur. B) Corea del Norte: La proliferación nuclear de Pyongyang y, especialmente, sus lazos con Pakistán; resultan un foco de natural cooperación entre ambos.

Un párrafo aparte merece las perspectivas de Nueva Delhi y Seúl en relación a Beijing. Por un lado, ambos Estados se preocupan por su creciente poderío. Particularmente relevante les resulta el comportamiento asertivo de su armada (más conocida por sus siglas en inglés, PLAN), en el Mar Meridional Chino y en el Mar Amarillo (que comparte con la Península Coreana). Por otra parte, ambos Estados no desean – por ahora – conformar una alianza fija contra China – como quizás preferirían Japón y EE.UU. –. En el caso de Seúl, el gigante asiático es un socio comercial, cliente y receptor de inversiones pero también es el padrino político del régimen de Pyongyang. Por lo tanto, la relación presenta matices y ambigüedades. En caso de Nueva Delhi, una alianza fija le quitaría margen de maniobra a su política exterior. De concretarla, los estrategas indios tendrían que preguntarse: ¿Cómo continuarían la relación estratégica con Rusia si se estableciera una alianza fija con EE.UU. en contra de un importante socio y vecino de Moscú?, ¿Cómo quedarían sus intereses de seguridad energética sabiendo que Irán es uno de sus principales proveedores? y un largo etc.

En un plano de política doméstica, el acercamiento indo-coreano pone en evidencia la insuficiencia del crecimiento económico de India y la necesidad de avanzar más rápido en su reforma económica; la cual se congeló en la segunda mitad de la década pasada. Mientras que en 2000, India tenía el 1,5% del PBI global; China tenía el 3,7%. Pero para 2010 la brecha se estiró y China se hizo del 9,3% en contraste con India que apenas se expandió al 2,7% del PBI global. En un plano de política exterior, la profundización de las relaciones bilaterales no significa necesariamente el paso previo a la formación de una alianza pero si puede significar implicar, cada vez más en mayor medida, a India en los asuntos y las dinámicas de seguridad del Noreste Asiático.

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