Entrevista a Gabriel Périès

1. ¿Cómo ve la actualidad internacional, especialmente en lo que respecta al Derecho Internacional Humanitario, las denominadas “nuevas polaridades” y el terrorismo?

A nivel geoestratégico, hay una redefinición de la posición de Europa frente a EEUU; específicamente en el marco de la OTAN, y en general, dentro de todas las instituciones gobernadas en la post guerra fría por EEUU.

Sin embargo, en un panorama mayor fuera del espacio euroatlántico debemos tener en cuenta el auge del regionalismo, con UNASUR, los BRICS; las nuevas polaridades cuentan con China e India como actores de peso destacado.  

A su vez, EEUU está teniendo una posición importante, por ejemplo, favoreciendo el Brexit, ayudando a la “ruptura de” Europa y rodeando al “Viejo Continente” de crisis militares importantes (Siria, Libia, etc.) en la periferia Mediterránea, forzándola a participar en los conflictos. El rol de EEUU también se observa en el hecho de que se está rodeando a Europa de gobiernos autoritarios: está el caso de Turquía (que está integrada al Comando Unificado de la OTAN) y los casos de Polonia, de Hungría, en donde se están desarrollando movimientos ultra-nacionalistas con apoyo del gobierno estadounidense.

Dentro de este marco, un gran logro de EEUU fue justamente que Francia reingrese al Comando Unificado de la OTAN. Comando del cual Charles De Gaulle se había alejado en 1966 (sin retirarse de la Alianza) protegiendo la autonomía francesa al nivel de sus recursos de seguridad y defensa, sin confundirlos.

Las consecuencias son claras: Europa parece cercada por movimientos de poblaciones e inmigraciones. Al no haber diferencia clara entre los inmigrantes y refugiados, se aprovecha de eso para no recibirlos, evadiendo al Derecho Internacional Humanitario. Hay obligaciones de abrirse a ese tipo de situaciones, pero no lo quieren hacer. Mismo cuando la normativa internacional, por la jerarquía de las normas, se impone al nivel nacional.  

Particularmente, los gobiernos ultranacionalistas, dichos “populistas” (en el sentido Europeo, diferente del latinoamericano), tratan de resolver el problema desde una mirada dicha “identitaria” casi étnica de la realidad de Europa. Determinación que implica, como en la Argentina de los años 70’: la lucha contra un enemigo identificado con esto criterios (contra Isis/Daesh/Al Queda), lucha que se da en el exterior como en el interior por razones “identitarias”. Se produce un continuum entre crisis interior y crisis exterior, que impone la “militarización de la fuerzas policiales y una policiarización de las fuerzas militares”. Estas ideas las pudo afirmar el general francés Watin-Augouard en un artículo publicado en 2013, uno de los redactores del Libro Blanco de la Defensa y de la Seguridad Nacional de 2008. De igual modo resultó interesante que el entonces el Jefe de las FFAA, el Presidente de la República Francesa, N. Sarkozy, afirmara que el concepto de “seguridad nacional” era un concepto “novedoso”.

Dentro de este marco normativo, el hecho de que la “mayor amenaza” sea constituida por actores no estatales y sin territorio por su identidad, genera problemas para el Derecho Internacional humanitario. Esta noción heredada de la Doctrina de la Seguridad nacional (conocida desde el fin del siglo XIX en la Argentina, presente en la Ley de Residencia votada en 1902) seguirá presente en el LBDSN de 2013, firmado entonces por el Presidente Hollande, en plena continuidad con su predecesor.  

Una pequeña nota al pie se debe hacer: planteamos la hipótesis de que estos fenómenos de radicalización son respuesta a la crisis de la modernidad que ha llegado a los países árabes y africanos, que no han sabido o logrado por ahora, mismo con las dichas “revoluciones árabes”,  canalizar las necesidades materiales e ideológicas de su gente. Hay que también analizarlos a la luz de la crisis de las estructuras políticas, como la de ciertos partidos, que tenían como función sociopolítica de integrar el descontento social. Han casi desaparecido del espectro político en sus expresiones progresistas en Europa, y más aún, en los espacios territoriales socialmente en crisis donde justamente viven las poblaciónes de origen migratorio que por primera, tercera o cuarta generación estan “ghettoizadas” como se dice en Francia.

Por otra parte, vale decir sobre Daesh, que es una organización creada por ex militares de Saddam Hussein, que vieron la oportunidad de hacerse cargo del petróleo de la región y tener un rol clave en la venta de éste a Turquía, desde la crisis del Golfo. Partían de una ventaja: tenían conocimientos de las tácticas y estrategias militares inglesas, francesas, ruso-soviéticas y americanas. Y tenían experiencia en la lucha contra Irán. Internamente, hoy en día, en Medio Oriente, buscan, financiados por Arabia Saudita y otros paises que hacen del sunismo una doctrina religiosa radical, luchar contra los Shiitas y Alawitas y los Kurdos.

La conexión con Europa se da cuando ésta interviene directamente en Afganistan, Irak, y hoy en Siria o en África del Oeste sub-saheliana, Daesh y las otras estructuras militaro-religiosas radicales, aprovechan que en Francia y Bélgica hay una población estimada a 6 millones de personas de origen árabo-musulman, que se encuentran, para una parte importante, en crisis (social, ideológica y urbana), que no logra, siendo de tercera o segunda generación, y de nacionalidad francesa o belga, insertarse exitosamente a la sociedad por razones sociales (están en barrios periféricos en situación de deterioro urbano profundo). Los atentados suelen realizarlos personas de 15 y 45 años, como máximo. Es un perfil joven, algunas veces conversos, que se sabe explotar por la “agresividad” que caracteriza a la juventud de todos los tiempos y de todas nacionalidades.

A pesar de que estamos hablando a lo sumo de 2.000 personas que pueden tornarse peligrosas, estos grupos logran generar una crisis de magnitud, ya que el enemigo exterior desencadena la lógica “guerra en las retaguardias” conocida como clásica por todo profesional de los conflictos, de la FFAA o de Seguridad. Desestabilizar el centro que toma las decisiones es la base del “Arte de la Guerra”, y el riesgo para Europa es que se conviertan en guerras ilimitadas contrainsurgentes, tal como lo planteaban las doctrinas militares de la Guerra fría para Francia, durante la Guerra de Argelia,  y para EEUU durante la guerra de Vietnam, doctrinas hoy reactualizadas en las publicaciones militares oficiales.

Las normativas de este periodo están volviendo como factor procesal de toma de decisión y de control del territorio, para las generaciones que fueron, precisamente, formadas durante este periodo donde se aplicaba una forma de “derecho penal del enemigo” y las teorías de la excepcionalidad de Carl Schmitt, o como en Argentina de los años ‘60-80, el pensamiento de J.B Genta. Inútil decir que el Derecho Internacional Humanitario es una de la primeras víctimas de este nuevo despliegue de la normativa de la “seguridad nacional”.

 

  1. 2. ¿Qué reflexión podría hacer sobre el fenómeno del uso de la tecnología en la Guerra?, especialmente el uso de Drones y de los Ciberataques

El tema de los Drones tiene que ver con el avance de la Ciberguerra. El problema central es que el uso de la técnica que guió a la guerra hasta ahora no funciona más. Acá es importante tener en cuenta la definición griega de tecnología: Tecne, se vincula al saber práctico, al saber del ingeniero. Y a su vez, Logos, se vincula con el “lenguaje, discurso, principio, razón”; o lo que podríamos definir más ampliamente, lo que determina Foucault bajo el concepto de dispositivo que articula “lo dicho con lo no-dicho” o sea la normativa con el instrumento práctico de control.

Como es sabido, en su parte militar, la tecnología siempre precede la doctrina o sea la normativa comentada de las prácticas; es decir, primero se desarrolla el instrumento, y luego se tipifica cómo usarlo. Y eso genera a veces fallas importantes. Pero raramente, lo técnico aparece en un espacio social totalmente aislado. Se juega una dialéctica entre las rupturas y las continuidades en la materia.

Entonces, lo que pasa aquí es la falta de normativa para el uso de Drones. El impacto para las instituciones militares es importante, ya que modifica la idea de qué es y qué status tiene el “piloto de caza”, considerado en el pasado como un héroe. La capacidad de los Drones ha sido demostrada fuertemente en el norte de Paquistán, en las áreas tribales. Amnesty International y otras ONG consideraron que el uso que fue hecho de esta arma en esta región podía ser asimilado a una pena de muerte militarizada sin juicio anterior, fuera del derecho de la guerra, a una ejecución sumaria pues.

La guerra cambia su naturaleza porque no se sabe a quién se mata, ya que la guerra es tecnológicamente novedosa y que los ataques se dan en territorios en los cuales civiles son calificados como “insurgentes” que se ocultan en esas áreas. Un cambio trascendental es que el enemigo que será entonces atacado no lleva ningún tipo de uniforme, ni está identificado como combatiente, como podía suceder en los ataques del pasado, salvo en las guerras dichas “limitadas” o “lucha contrasubversiva”.  

Retomando el tema de la legalidad, nuevamente, estamos superados por la tecne, y debemos desarrollar un logos. Pero el poder militar-industrial estadounidense, como lo determinó el Presidente y general Eisenhower, tiene más poder que el Presidente de EEUU… Obama lo pudo confirmar cuando trató, sin éxito, cerrar Guantanamo y que lo calificaron como “el Presidente de los drones”…

 

  1. 3. Siguiendo sobre la Revolución Cibernética, ¿qué tanto de privacidad nos queda a los seres humanos? Y ¿qué rol le queda a la Deep Web/Dark Web”?

Norbert Weiner, uno de los creadores de ARPANET con Shannon, en el libro “The human use of human beigns (1950)”, explicaba ya a unos años del fin de la 2nda Guerra mundial, que estaremos en el futuro en un esquema donde el hombre da órdenes a la máquina via un proceso matemático; a su vez, la máquina da órdenes a otra máquina, y esa otra le da órdenes al hombre. Es decir que se cierra así un ciclo informacional donde se estructura la decisión humana. La tecnología hace que la toma de decisión nos llegue por la vista (miramos la pantalla del celular), el oído (tenemos los auriculares puestos) y el tacto (para manejar el celular). Entonces, como lo explicaba ya en 1950 Weiner, las terminaciones nerviosas y las sinapsis están dominadas, estimuladas por el algoritmo situado en una máquina.

Es interesante el hecho de que en el subte de Buenos Aires, Pequín, París o Nueva York todos estamos expuestos a las mismas pulsiones, mirando una pantalla y accionándola con los pulgares, los tímpanos estimulados…

Adicionalmente, cuando uno navega, está geolocalizado por una función específica integrada en nuestro smartphone y con los cookies, lo cual ayuda a perfilar a los diferentes usuarios bajo el eufemismo de “metadata” (supuestamente anónima). Lo cual ayuda a otro ingeniero que está planificando el mercado de determinados productos que nos interesan, elaborando un algoritmo y vendiéndolo sobre un mercado específico.

El tema con este conocimiento y saberes profesionales es que lo dominan las empresas denominadas GAFA (Google, Apple, Facebook, etc.). Y al tener un formato oligopólico, sabemos que pueden (y de hecho lo hacen), cooperar con los organismos de seguridad como la NSA – no sin tensiones como en el caso de Apple – ya que, de facto, una gran cantidad de información está siendo “compartida” sin el consentimiento del consumidor. 

La protección – ¿o resistencia ? –  que hay que favorecer o esperar frente a esta invasión de los datas es que el sistema es humano : tiene sus Snowdens, Wikileaks, etc. Y eso modera esta tendencia. El humano tiene su inconsciente-subconsciente y eso es lo que genera la garantía de que pueda haber un momento de quiebre del sistema de control, como lo presenta el “caso” Snowden.     

Sobre la Deep Web/Dark Web, veo un conjunto de disfunciones y paralelización de las estructuras de control y de defensa del ciudadano. Como siempre que hay poder, va a haber contrapoderes, esto garantiza cierta dialéctica. Lo que garantiza, por ahora, que sigan existiendo estos espacios ciudadanos, es que los oligopolios que regulan el mundo cibernético –como señalábamos anteriormente – saben que no pueden sustituir todo de un momento a otro gracias a las lógicas algorítmicas. Eso nos da tiempo y un espacio dónde uno se puede refugiar de la intervención del Estado, que trata, dentro de esta revolución numérica, de proteger su monopolio de la violencia legítima, como lo decía Weber. La cuestión vuelve hoy a plantearse con las problemáticas introducidas con el desarrollo de las smart cities / safe cities, donde aparece la figura de un nuevo ciberciudadano que tiene que organizarse para, no solamente proteger sus derechos, si no también maximizarlos y propugnarlos dentro de dispositivos (sic) que controla dentro de las redes locales confrontadas, porque conectadas de manera indirecta, con redes internacionales propugnadas por los GAFA.    

 

4. La ONU se encuentra en crisis desde hace más de una década, ¿qué piensa que puede suceder en los próximos años?

No sé en 20 años, pero sólo podría conjeturar qué puede pasar en el corto plazo, con mucha modestia, ya que no es mi campo específico.

Como lo he señalado, frente a la salida de la Guerra fría, donde hubo una multipolarización del espacio (China, los BRICS…), veo que las generaciones que tienen entre 50 años y 80 años, que forman las élites que gobiernan el planeta (en la ONU, y en la mayoría de los Estados), quieren volver a lo bipolar: es decir a algo que ya conocen y que orienta la voluntad de proteger, desde el punto de vista de la sociología de la organización, lo “rutinario”. Quieren esa “rutinización” porque es mucho más fácil gestionar de esa manera repetitiva y porque las estructuras administrativas-organizacionales pueden existir en función de este proceso rutinario de toma de decisión y de intégralas dentro de representaciones del mundo y de los conflictos internacionales ya conocidas y compartidas por estas generaciones.

Entonces, se trata de volver al mundo bipolar, por los hábitos de las elites, que resiste a su propia transformación frente a la revolución cibernética. Entiende que su resistencia le sirve para renegociar el poder. Estamos en un momento de alto conservadurismo frente a cambios que se están expresando también a través de la violencia.

Los conflictos parecen ser inevitables, como ocurrió durante la revolución industrial del siglo XIX-XX, y ahí se espera que la ONU, como las otras instituciones internacionales como la Corte Penal Internacional,   sepa ocupar o,  a lo sumo, recuperar su rol, que representó un importante progreso después de la Segunda guerra mundial, sabiendo que, con el voto bloqueado, el orden mundial sigue con sus actores clásicos que tratan de mantenerse en el poder al enfrentarse con las transformaciones inducidas por los algoritmos.

El futuro del sistema internacional se vincula mucho con el rol de Rusia y de EEUU. Ya que estas potencias apuestan aparentemente a la vuelta de la bipolaridad. Ambas tienen problemas similares: Rusia tiene tensiones demográficas (baja de rusos étnicos) y la presión de China en el Este de su territorio. Cabe señalar que EEUU, con Trump, tiene un planteo demográfico similar al de Rusia: tiene una base de poder “etnico” cada vez más reducida (el inmigrante de origen europeo). Y de la misma manera, también enfrenta cierta presión histórico-poblacional de China y de América latina. Por tanto, lo que hagan estos tres actores, Europa, USA, Rusia, afectará mucho a la ONU y su futuro como el desarrollo de una normativa protectora y renovada de los derechos individuales y colectivos al nivel nacional como internacional que tome en cuenta la revolución cibernética.

Las luchas recientes que desencadenaron la destrucción de los BRICS o la crisis ucraniana, la desestabilización de Europa con el Brexit y los conflictos en la zona mediterránea parecen presentar los síntomas de la vuelta de la normativa bipolar dentro del marco de la voluntad de hegemonía al nivel geopolítico que supera – o voluntad que trata superar – la normativa del derecho internacional, que sea al nivel humanitario o de la guerra. Una pregunta se plantea entonces, y que toma en cuenta la profunda interacción de lo ciberniveles: ¿cuáles serán entonces las capacidades normativas de proteger al nivel local, nacional,  internacional y ambiental,  las libertades de expresión y de acción de un ciber-ciudadano en construcción?

 

 

Currículum Vitae del entrevistado

Dr. en Ciencia Política y en Ciencias de la Información y de la Comunicación (Universidad Paris I Pantéon Sorbonne) . Investigador en el Instituto de Estudios Políticos de Toulouse. Es profesor de la escuela de Management en Telecomunicaciones donde fue director del departamento de Lengua y Ciencias Humanas de 2009 hasta 2012. Desde 2006 es investigador en el equipo de “Etica, Tecnologías, organizaciones y sociedad” ETOS de la Escuela de Management de Telecom y la Escuela de Negocios del Instituto Mine-Télécom. Asimismo, tiene formación como jurista. Es profesor invitado en la Universidad de la Plata y consultor en el Alto Comisariado de Naciones Unidas para los refugiados y asesor de la Corte Nacional de Derecho de asilo.Miembro del comité de la revista Mot, Les langages du politique y Culture &Conflits y se destacá su especialización en el uso político de las nuevos tecnologías de la información y la comunicación así como de las doctrinas contra insurreccionales.
Es además autor junto con el investigador David Servenay del libro “Una Guerra Negra: Investigación Sobre Los Orígenes Del Genocidio Ruandés (1959-1994)”.
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