El problema no es un Irán nuclear.

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Los actores involucrados en esta disputa por el arsenal nuclear iraní son: Estados

Unidos, Israel, Arabia Saudí, Siria e Irán, por supuesto. Podemos nombrar algunos más, pero responden a los mismos intereses que poseen los ya mencionados.

 

IRÁN: Compite desde hace unos años por el liderazgo regional dentro del mundo islámico. Su principal escollo radica en ser un país chiíta duodecimano rodeado de gobiernos sunítas. El apoyo que proporciona al gobierno de al-Assad también tiene un componente religioso ya que los alawitas se identifican con la rama chií del Islam. La figura y participación en el proceso de toma de decisiones del Estado persa del Líder Supremo, es de vital importancia no solo por la investidura sino también porque proporciona continuidad en la vida política del país.

Una de las formas que Irán posee para lograr posicionarse mejor en la región y, además, poder defender sus intereses en el entorno suníta, es desarrollar un plan nuclear acorde al buscado para lo cual posee un nivel de motivación y de aversión elevado. Este plan constituye una causa nacional.

 

ARABIA SAUDÍ: Principal opositor árabe al plan nuclear iraní. Participa activamente en los intentos de derrocar al régimen de al-Assad. País que abrazó la rama wahhabita/suníta del Islam y que hoy se presenta como el territorio donde mayor control se ejerce en el cumplimiento de la Sunna por medio de la “Mutawa” (una suerte de policía religiosa). Los enfrentamientos entre Irán y Arabia Saudí son antiguos, no obstante un hecho a resaltar fue el pedido del Ayatollah Jomeini de destitución del rey Abdelaziz bin Saud, desafiando la legitimidad de la monarquía como guardianes de los lugares sagrados del Islam.

Qatar también secunda a este país en su postura anti iraní, por motivos similares. Los sunítas ocupan lugares importantes en los gobiernos y empresas de los países de la región y el intento chiíta de crecer políticamente constituye una amenaza, por ello acudió rápidamente a sofocar la incipiente “Primavera Árabe” chiíta en Bahrein.
Arabia es el principal productor de petróleo en el mundo, lo cual proporciona a la Monarquía amplios recursos económicos para ser de suma influencia regional. Además, es un aliado estratégico de Estados Unidos (tanto político como energético). Militarmente se encuentra entre los cinco países del mundo que más presupuesto destina a las Fuerzas Armadas (10% de su PBI), con lo cual Irán no está en condiciones de competir, por lo menos en lo que a armamento convencional respecta, sumando una motivación mas al desarrollo nuclear.

 

ISRAEL: País autodenominado “rodeado de enemigos”, por lo que su política de defensa es un eje fundamental en las decisiones de Estado. Desde el descubrimiento del Plan Nuclear de Irán, el gobierno israelí no escatimó gastos ni retórica en prepararse ni oponerse. Por contrapartida, el ex presidente Ahmadinejad hacía frecuentes menciones sobre la intención persa de una región libre de Israel, es decir que la hostilidad era manifiesta. No obstante esto, hasta el momento no se detectaron pruebas o indicios de que Irán dirija su Plan Nuclear hacia una escalada con Israel.

En segundo lugar, encontramos que la posibilidad de un Irán nuclear balancearía en este sentido a Israel (único con armas nucleares en la región) con lo cual la vieja dialéctica de la disuasión nuclear, entre dos claros Estados enfrentados, se traería nuevamente al escenario internacional al mejor estilo de la Guerra Fría.

Sin embargo, la cuestión nuclear iraní tiene más complicaciones. Como es sabido, el gobierno de Teherán apoya a la milicia chiíta de Hezbollah que opera contra Israel donde el régimen de al-Assad juega un rol fundamental. Desde lo militar, un Irán nuclear posicionaría al país en un nivel superior de negociación y presión contra Tel-Aviv. En suma, el temor de Israel no está directamente vinculado a la posibilidad del empleo de armas nucleares (que desde la Segunda Guerra Mundial nunca más han sido lanzadas), sino la pérdida de capacidad de acción y de iniciativa a partir de ese momento. Además, EEUU ya ha dado muestras de no querer involucrarse en la cuestión más allá del soft power cuando Netanyahu pidió ataques quirúrgicos sobre las plantas de enriquecimiento de uranio iraníes.

ESTADOS UNIDOS: Con grandes problemas en la región, desde hace años no logra encontrar un rumbo claro en sus políticas. Si bien ha logrado un intento de acercamiento entre palestinos e israelíes gracias a la gestión de Kerry, el balance de la “cuestión de Oriente”, no es favorable. Sin capacidad para influenciar en Siria; con dudas e inacciones en Afganistán ahora se suma la lentitud en el proceso de negociación con Irán donde, paulatinamente, otros actores van adquiriendo un rol más protagónico. Si es cierto lo que el ex Secretario de Estado Henry Kissinger dijo[1] que Israel dejará de existir y que hay que prepararse para un “Medio Oriente sin Israel” según un informe de la Intelligence Comunity de Estados Unidos, la Administración Obama estaría dando muestras de ir en esa dirección. El apoyo militar al gobierno de Tel-Aviv ya no es tan explicito y la puja por la influencia regional cada vez más se inclina hacia Rusia. Incluso conocidos referentes intelectuales, como lo era Kenneth Waltz[2], ahora se preguntan porque Irán debería tener arsenal nuclear, y si esto en realidad proporcionaría una estabilidad en la región que desde afuera no se consigue.

Como podemos observar, la cuestión nuclear de Irán involucra mucho más que aspectos de seguridad específicamente militares. Pujas geopolíticas de actores externos, intereses de superviviencia de los estados de la región, mas una vieja rivalidad religiosa configuran un complicado esquema estratégico al que hoy los principales Estados del Sistema Internacional aún no lograron encontrarle la salida y que evidencia un arcaico diseño de la ONU “discapacitado” para proporcionar soluciones acordes a su función. Mientras tanto Irán gana tiempo.


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