El despegue alemán

17 de mayo de 2014

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El despegue alemán

Mas allá de la crisis económica y social que Europa intenta sortear, el viejo continente tiene otros desafíos por enfrentar de cara al futuro de los cuáles Alemania lleva la voz cantante. El gigante alemán comienza a pensar en la posibilidad de salir de los combustibles fósiles y volcarse a los renovables como parte de una política que permita reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) principales causantes del calentamiento global. El objetivo de Alemania es reducir en un 40% dichas emisiones hacia el año 2020 para llegar a un recorte del 80 % en 2050. Esta iniciativa iría acompañada del cierre de las plantas nucleares que poseen una participación del 18% de la matriz energética alemana. Algo que otras naciones como Francia aun se niegan a concretar a pesar de los desastres ecológicos y biológicos que la energía nuclear ha provocado en el mundo. No hace mucho tiempo que la planta ubicada en Fukushima, Japón (2011) sufrió una serie de explosiones a causa de fenómenos climatológicos trascendentes como el terremoto seguido de Tsunami que afectó todo Japón. Según datos consignados por los portales especializados, este cambio desafiante que propone el gobierno Alemán implicará una inversión de por lo menos USD 125.000 millones que pueden llegar hasta USD 250.000 millones en los próximos 20 años. A lo que debemos agregar unos USD 60.0000 millones. Alemania poseía un total de 17 plantas nucleares de las cuales, tras el incidente de Fukushima, 8 fueron cerrados y las otras 9 restantes serían clausuradas para el 2022. Esta energía sería reemplazada por recursos renovables, la ampliación de la energía eléctrica y nuevos depósitos de electricidad ecológica, entre otras medidas. La idea es llegar a 2020 con un 35% de la electricidad producida a través de energías renovables y que dicho reemplazo llegue en el 2050 a alcanzar el 80% . Esto implicará un cambio en la naturaleza de la matriz alemana que podrá mantenerse en pie siempre que los costos de producción de las energías alternativas se aproximen a los costos de explotación de los combustibles fósiles. Es importante destacar que el gigante germano importa el 75% de la energía que consume con lo cual su transformación fijará las pautas de la energía mundial para lo que resta del siglo XXI. Dada la gran incertidumbre existente frente a las decisiones que Alemania tome en este sentido, los niveles de gastos aplicados al desarrollo científico y tecnológico marcan el rumbo que esta revolución energética puede llegar a tomar. Habrá que ver cual será la reacción del resto de las potencias europeas como Francia, principal potencia partidaria de la energía nuclear que le provee el 78% de la energía eléctrica. Cabe destacar, que el país galo continúa apoyando proyectos de este tipo, como el que emprenderá Bolivia junto con el apoyo de Argentina.

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