El camino hacia la independencia energética y su impacto en los precios del crudo

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La caída de los precios del crudo ha variado estrepitosamente si se compara el pico de 125 US$ por barril, registrado a principios del 2012, a los 80 US$ que marca octubre de 2014. Las cifras oficiales señalan un desplome del precio que ronda el 25%. Los motivos y las repercusiones pertenecen a un amplio espectro de sucesos, ya que todo aquello relacionado con hidrocarburos o recursos energéticos en general, afecta vulnerabilidades del sistema internacional.

Analizando retrospectivamente la caída del precio del barril de crudo, podemos advertir que el pico más bajo alcanzado en la actualidad no implica que sea el precio más bajo históricamente. Si bien la bajada de precio es la más significativa en 4 años, sigue siendo un 40% más caro que en ese momento.

Impacto del esquisto y países petroleros emergentes

Los motivos del desplome tienen múltiples causas. La más destacable responde a la que algunos especialistas describen como “la revolución energética americana”. Las nuevas técnicas de extracción elevan la producción del combustible tipo “shale” (también conocido como de esquisto) representa una nueva promesa de independencia energética para los Estados Unidos (país con mayor apuesta a la utilización del fracking). La aplicación de fractura hidráulica en el territorio norteamericano ha cambiado las perspectivas económicas del país del norte, así como también puede transformar su política de seguridad nacional. La producción del tipo “shale” ha crecido en un 80% desde el 2008 a la actualidad, cubriendo incluso un 30% de las necesidades de consumo interno, mientras que la producción total de barriles ha crecido en un 50% aproximadamente.

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Por leyes de la oferta y demanda, este nuevo impulso en la oferta de combustible ha sido el factor, quizás, más influyente en la caída del precio del barril de crudo, aunque no siempre ha sido así. En 2009, Estados Unidos generaba diez millones de barriles por día y no necesariamente produjo una baja en los precios. A diferencia de aquella situación en particular, hoy en día todos los países productores están exportando magramente, mientras que el nivel de actividad económica ha caído, reduciendo la demanda de países como China, Europa y otros emergentes.

Por otra parte, el factor económico que posibilita la situación actual está intrínsecamente relacionado con el impulso que han tomado aquellos productores de combustible que se encuentran fuera de la OPEP. Estos actores están jugando un rol destacable en el sistema internacional, aumentando su oferta de crudo en 1.4 millones de barriles diarios, frente a una demanda global que crece por debajo del millón de barriles diarios.

Como puede observarse en la siguiente tabla realizada en 2003, la importancia que han cobrado los países no pertenecientes a la OPEP es significativa, superando con por un 13% la producción mundial de aquellos que pertenecen al cartel petrolero.

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Es importante destacar que tanto Irak como Libia, incluso afectados por constantes problemas domésticos, han podido aumentar su producción.

Victoriosos y perdedores.

¿Quién gana y quién pierde ante la caída del precio? Aparentemente aquellos que obtienen algún tipo de rédito económico son los países importadores, aunque no siempre una baja del precio se traslada directamente al bolsillo de los consumidores. El proceso de elaboración que transforma el crudo en combustible representa la mayor parte del precio que abona el ciudadano, motivo por el cual los consumidores no percibirán la reducción del costo de forma directa.

En este escenario, Europa parece ser la más beneficiada dado que es la región que adquiere mayores volúmenes de crudo por importaciones. Acorde a los estudios realizados en su informe anual por la “World Energy 2014”, el viejo continente realizó compras de combustible por 9,3 millones de barriles de crudo al día en 2013. Acorde a la situación actual, los nuevos precios pueden significar un ahorro de 370 millones de dólares por día en la materia prima. En otras regiones del mundo, como Estados Unidos, el ahorro ronda los 160 billones de dólares anuales. Japón por su parte, país que importa todo lo que consume, también resultará un gran beneficiado. Finalmente, China e India representan un volumen de importación que supera a toda Europa junta, por lo cual la situación actual impactaría positivamente sobre sus importaciones energéticas.

Aquellos que se encuentran del otro lado del ring son los países exportadores y las empresas petroleras. Una bajada de precios se traduce en una reducción de sus ingresos, por lo cual debemos esperar que ante este fenómeno reduzcan su producción para sostener los precios. Hasta el momento ningún exportador ha tomado medidas drásticas para cambiar la situación, aunque la realidad interna de cada uno de estos actores requiere de un pronto acuerdo que revierta la caída del precio. Tanto los países de la OPEP como Rusia no se rehúsan a la aplicación de recortes en la producción para reducir la oferta y así forzar un aumento de precios. La OPEP se reunirá el próximo 27 de noviembre, aunque se estima que con un ambiente de poco consenso, ya que países como Venezuela e Irán no desean disminuir su producción, a pesar de las fuertes presiones que sufren.

Aquellos que han resultado afectados negativamente y casi de manera indirecta han sido han sido los países que están impulsando la producción no convencional, específicamente Brasil y Argentina. El aclamado emprendimiento de Vaca Muerta requiere métodos de extracción que son mucho más caros que los convencionales. El precio del barril de crudo convencional desalienta este tipo de actividad por su reducido rendimiento. Un precio alto de combustible vuelve competitiva la extracción por fracking. Si los precios continúan disminuyendo, la brecha de rentabilidad seguirá extendiéndose, afectando directamente una posibilidad que anhela Argentina para su crecimiento.

Finalmente, los países que recibirán el mayor impacto en su economía serán Rusia, Iran y Venezuela. La Federación Rusa atraviesa una recesión provocada por las sanciones económicas que le asestaron luego de la anexión de Crimea y Sebastopol. Aproximadamente el 40% de su PBI proviene de las divisas que genera la exportación de petróleo. En suma, la recesión y la disminución de divisas dejarán debilitada a la potencia que se encuentra bajo la mira de occidente. Por otra parte, Iran necesita el barril de crudo por encima de los 120 dólares, según sus propias declaraciones, para equilibrar su presupuesto y continuar su proyecto de energía nuclear en los plazos estipulados. El más dependiente, Venezuela, genera el 95% de sus dólares por efecto de sus exportaciones en materia de hidrocarburos a nivel global. Ante esta situación y debido a su frágil economía, puede enfrentar graves problemas económicos, incluso, la posibilidad de un default en su deuda externa.

Conclusiones

Los hidrocarburos siempre han representado una variable importante en el sistema internacional. Sin dudas, el clima que genera es cuando menos tenso. Si bien no todos los actores resultan perjudicados, (incluso algunos se benefician de sobremanera) resulta interesante enfocarse en aquellos que se ven mayoritariamente afectados, ya que coinciden en ser además los más problemáticos para la política exterior occidental (precisamente de Europa y Estados Unidos).

La caída de los precios acelera procesos de detrimento político y económico en determinadas regiones donde el juego geopolítico puede cambiar. La necesidad europea de diversificar sus fuentes de importación energética finalmente parece estar tomando forma, abandonando la vulnerabilidad política que genera depender de la energía Rusa y comenzando el posible sueño de importar crudo norteamericano. Aunque lejos se está de lograrlo, esta bonanza para los importadores es un respiro para materializar los castigos económicos sobre Moscú.

Las presiones se incrementan y algunos intereses vitales están en juego si esta tendencia continúa. Habrá que esperar la postura oficial que asuma la OPEP para repeler esta desnaturalización de los precios o afrontar las posibles consecuencias que puedan padecer sus integrantes, así como también aquellos que no están bajo el manto del cartel petrolero y que deberán unir esfuerzos para paliar una situación que hoy parece irreversible al corto plazo.

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