Día de la Antártida Argentina: 112 años de presencia ininterrumpida.

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En este año se cumplen 112 años de permanencia ininterrumpida en el Territorio Antártico. El 22 de Febrero de 1904 se formalizó el traspaso de las instalaciones de la Expedición Scotia de William Speirs Bruce a la República Federal Argentina.

Luego del heroico rescate de la Expedición de Otto Nordenskjöld, en la que participaba el Alférez José María Sobral – luego el primer geólogo argentino, recibido en Upsala -, el Presidente Julio Argentino Roca, consciente de la importancia de la Antártida decide la compra de las instalaciones en las Orcadas a través del Decreto 3073 fechado el 2 de Enero de 1904. Por las instalaciones se abonaron $ 5.000 Moneda Nacional.

El Presidente Roca tuvo una visión de estadista innegable, lo que permitió a nuestro país contar con una situación de privilegio en los foros internacionales respecto de la Antártida.

Durante 43 años esta ha sido la única instalación permanente de nuestro país en la Antártida, reabastecida anualmente por buques de la Armada Argentina, durante los primeros años la Corbeta Uruguay, hoy buque museo. Se desarrollaron tareas de observación glaciológica, funcionaba una estación meteorológica y magnética y un sismógrafo. Además se instaló una Oficina de Correos (creada por Resolución Ministerial).

Los reclamos de soberanía no se hicieron esperar, el 23 de agosto de 1906, el embajador británico William H. Haggard expresó por nota al canciller argentino, Manuel Montes de Oca, que las Orcadas del Sur eran británicas y que la cesión de las instalaciones era transitoria, la respuesta fue muy clara, el 7 de diciembre de 1906, mediante un decreto del presidente José Figueroa Alcorta, se nombraron comisarios para las islas Orcadas del Sur bajo la dependencia de la Gobernación de Tierra del Fuego.

El 30 de Marzo de 1927 se lleva a cabo la primera comunicación telegráfica con Ushuaia, rompiendo así la incomunicación de las respectivas dotaciones desde 1904. Recién en 1947 nuestro país instala la segunda Base (también de la Armada), esta vez en el archipiélago Melchior, donde la Base fue permanente por algunos años, y actualmente es “escasamente temporaria”. La Armada cuenta con el Capitán de Navío Isaac F. Rojas a cargo de las actividades antárticas, quien planea una distribución de bases y refugios, siempre pensando en la soberanía basada en la ocupación y permanencia.

Al año siguiente -1948- es inaugurado el Destacamento Naval Decepción en la isla homónima, la que es un volcán activo. Desde allí, el Presidente Frondizi, primer presidente argentino en poner un pie en el continente blanco, emite un mensaje por radio reafirmando nuestros derechos soberanos y la firma del Tratado Antártico (6 de Marzo de 1961).

Es en 1951 que a instancias del Coronel Hernán Pujato se crea el Instituto Antártico Argentino, y el Ejército comienza su despliegue de bases, todavía pensando en que la ocupación es significado de soberanía.

Mucho ocurrió en el país y en la Antártida, pero recién en 1983 durante el gobierno del Dr. Raúl Alfonsín, el nuevo paradigma de la soberanía toma un rumbo distinto al de la ocupación, el Dr. Carlos A. Rinaldi define que “la soberanía pasa por el conocimiento”. Así es como Argentina cobró un fuerte peso en el contexto internacional, además se impulsó la capacitación del personal del Instituto Antártico, los convenios con Universidades y otras instituciones científicas permitieron ampliar la cantidad de proyectos de investigación, tanto en las áreas del conocimiento, como en las áreas geográficas, siendo que esto último dio un nuevo sentido a las bases ya construidas en tiempos pasados. La integración entre las Fuerzas Armadas y los científicos comenzaron a rendir sus frutos, todos trabajando en pos de un objetivo común, la patria y la Antártida.

En el año 2001 comenzó una importante reducción de la actividad científica en la Antártida, aunque no de la logística, siendo esta última el mayor gasto para nuestra presencia en la Antártida. Achique que luego, durante “la década ganada”, se vio acrecentado por el además fuerte deterioro y pérdida de los medios logísticos. Durante la mencionada década se ha sumado también la discriminación ideológica y la aparición de actividades de nulo impacto frente al mundo, como por ejemplo: “El Arte en la Antártida”; que a los fines publicitarios pudo tener algún impacto pero no significó ningún reconocimiento en los foros internacionales.

No es un dato menor que las operaciones antárticas constituyen una acción cívico militar, en la que cada uno realiza lo que sabe y de forma coordinada e integrada, el que cada uno tome conocimiento de lo que hace el otro es fundamental para llevar adelante toda la operación con éxito. Esto es un ejemplo, y el aprendizaje nos debe servir a todos para seguir adelante mejorando todo lo que hay que mejorar, sacarle el mayor provecho a lo que tenemos y a nuestros conocimientos.

En este 22 de Febrero, a 112 años de aquella gesta heroica, veamos un futuro venturoso para nuestra presencia en la Antártida. Hagamos gala de nuestra tradición antártica y estemos a la altura de los desafíos del Siglo XXI; con una logística moderna, medios que nos permitan llevar a pleno nuestras actividades, con proyectos científicos a la altura de los años que vivimos y en pos de las generaciones venideras. A las que debemos dejarle un camino allanado con la firme convicción que como argentinos debemos estar unidos, bajo una sola bandera: nuestra amada celeste y blanca.

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