China: ¿Primera potencia mundial?

La International Law Asociation – rama argentina – presento el día miércoles 27 de mayo la conferencia: “China, ¿primera potencia mundial?” expuesta por el especialista en China, Jorge Malena.

La República Popular China, en la actualidad, es la segunda economía más grande del planeta (la cual habría superado inclusive a los Estados Unidos), su PBI está por encima de los 10 billones de dólares y su comercio internacional supero los 2 billones de dólares; a su vez, se la considera la fabrica del mundo por haber superado los 80 millones de dólares en inversión y en haber superado en el año 2013 los 2 billones de dólares en reservas. La aceleración de los tiempos significo para China una enorme rapidez de cambios que se ve manifestada en los constantes desafíos económicos hacia  EEUU.

Sin embargo, China posee un contexto interno que le proporciona fortalezas y debilidades en su política exterior. Si hablamos de fortalezas, cabe destacar que existen diferentes ámbitos. En el plano político se destaca el éxito de la política de reforma y apertura económica(PRAE) de 1978, la estabilidad política mantenida tras la muerte de Deng Xiaoping tras los interrogantes de protestas, la armonía lograda entre la mayoría de los grupos étnicos (56 en total), y la subordinación de las FFAA a la sociedad civil.

Dentro del ámbito económico, se logro el ingreso de inversiones así como créditos y tecnologías, una mejora en el nivel de vida de la población, y un PBI que creció al 300%. El éxito ha promovido el consumo interno por sobre la exportación a través del gasto público y créditos blandos.

Observando las debilidades internas de China, se esbozan tres planos. En el ámbito político se da un descrédito hacia los “cuatro principios cardinales” (defensa de la vía socialista, de la dictadura democrática del pueblo, de la dirección del partido comunista de china, y del pensamiento marxista-leninista) y hacia los efectos no deseados de la PRAE (contaminación, inseguridad, crimen organizado, corrupción). El descrédito por los principios se manifiesta en la conversión de una economía mixta, donde se busca solucionar las contradicciones ideológicas mediante un nacionalismo que fomente y promueva la cohesión entre gobernantes y gobernados, como también los logros alcanzados y el sentimiento de grandeza. Por otro lado, en el ámbito económico, se dan las siguientes situaciones problemáticas: se observa una dependencia de suministros de energía y alimentos debido al inmenso territorio poblacional; existe una consolidación de sectores no estatales que conforman el 45% de la economía, que es la que aporta el 60% de la productividad; un creciente regionalismo entre centro y periferia, o más bien, costa y zonas agrícolas pobres. Por último, se encuentra el plano social donde se expresa un resurgimiento de protestas públicas, un fortalecimiento del secesionismo en el Tíbet y en la región de Xinjiang, y desigualdades económicas.

En suma, puede señalarse que debido a las debilidades internas y las amenazas limítrofes, los gobiernos se han encaminado hacia un surgimiento pacifico; donde su crecimiento económico contribuirá al desarrollo de los demás.

China aun debe combatir con una serie de factores internos tales como la disparidad entre mejora de nivel de vida y distribución de la riqueza, así como también desarrollar mecanismos para terminar con la asimetría entre las costas del Mar Amarillo y el interior agrícola.

Para entender el régimen de China es necesario analizarlo saliendo de la óptica occidental que muchas veces se pregunta ¿Cómo puede coexistir el autoritarismo con las libertades económicas?. El desarrollo económico que ha alcanzado China también tiene su explicación en la cultura política pragmática de cada habitante y en la sociedad civil que ha establecido el gobierno en base al ideal nacionalista.

Analizando la estrategia de China hacia América Latina, se observa una infinidad de acuerdos bilaterales; tales como inversiones, prestamos, visitas oficiales de las fuerzas armadas, acuerdos de libre comercio, etc. Y cada vez en mayor medida, Latinoamérica reconoce en China a un socio estratégico; especialmente en temas comerciales. Tal como es el caso de Argentina.

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