Back to the future: La “normalización” de la Estrategia Internacional de Japón.

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A principios de la década de 1990, autores como Kenneth Waltz y John Mearsheimer afirmaban que la finalización de la Guerra Fría abriría las puertas a un nuevo ciclo de balance multipolar. Anulada la amenaza soviética, el futuro anticipaba que las Grandes Potencias volverían al “viejo juego” del balance de poder de unas contra otras. Especialmente mencionaban que Alemania y Japón “normalizarían” sus estrategias internacionales; relativizando sus alianzas y mostrándose más independientes en materia de política exterior. Sin embargo la realidad de la unipolaridad se impuso y, como explicaron distintos realistas neoclásicos, las potencias de segundo orden sencillamente no tenían ni el poder para balancear a Washington, ni tampoco lo percibían como una amenaza que los obligue a repensar sus estrategias internacionales.

Pero habiendo transcurrido dos décadas de aquellos primeros años de la unipolaridad, el escenario internacional presenta cambios que ameritan el replanteamiento. Simplificando puede afirmarse que el auge de China, el descenso relativo de EE.UU. y, especialmente, la sospecha que Washington no se arriesgaría a ir a una guerra contra Beijing por las Islas Senkaku/Daioyu (disputadas entre Japón y la República Popular) incentivan una nueva postura internacional por parte de la Nación del Sol Naciente. De esta forma, entre finales de 2013 y principios de 2014, Tokio lanzó un conjunto de medidas que comienzan a modificar su tradicional estrategia internacional pacifista, netamente comercial y acotada estrictamente a los lineamientos estratégicos de EE.UU. Se trata de la creación del Consejo de Seguridad Nacional (NSC, por sus siglas en inglés), el NDPG (National Defense Program Guidelines) y la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS, por sus siglas en inglés).

El NSC.

Como producto de la falta de coordinación que experimentó Tokio a lo largo de la crisis de la planta de gas de Argelia, en la cual perecieron diez japoneses; se tomó la decisión de reformar las estructuras burocráticas relacionadas a la defensa y la seguridad. En ese sentido, se creó el Consejo de Seguridad Nacional (NSC) que tendrá la responsabilidad primaria de deshacer las barreras inter-ministeriales para la toma de decisiones en su área de competencia. El NSC será compuesto por el Primer Ministro, Shinzo Abe, – que será el presidente del NSC –, el Secretario Jefe de Gabinete, el Ministro de Relaciones Exteriores y el Ministro de Defensa. Pero en el día a día será conducido por el  Secretario de Seguridad Nacional, Shotaro Yachi; a quien le corresponderá la planificación y coordinación de las reuniones y las actividades del NSC. Entre sus principales tareas se encontrará la búsqueda de una relación más estrecha con EE.UU. y, en menor medida, con socios regionales, como India y Australia. Como desafíos, el NSC deberá superar la inercia burocrática que obstaculiza la centralización de la toma de decisiones, constituir alguna suerte de agencia de inteligencia exterior y formar recursos humanos en dicha especialización. En síntesis, se espera que el NSC se constituya en una suerte de fusión entre el NSC y el Homeland Security estadounidenses.

El NDPG.

El documento introduce el concepto de “Fuerzas de Defensas Conjuntas Dinámicas”, el cual enfatiza las operaciones conjuntas y necesidad de mejorar la capacidad de inter-operatividad entre las tres fuerzas (denominadas en Japón, como Fuerzas de Autodefensa). También remarca que deben mejorarse las defensas del Sudoeste del país – donde se encuentran la cadena de Islas Ryukyus y las Islas Senkaku/Daioyu –. En términos de adquisiciones militares, el NDPG planea un incremento del hardware pero manteniendo del mismo número de uniformados. Así  se pasarían de los actuales 47 destructores a 54; de 16 submarinos a 22 y de 260 cazas a 280. En orden de reducir el costo financiero de estas adquisiciones, se buscará derogar la prohibición de exportar armas y permitirle a la industria militar japonesa amortiguar costos de investigación y desarrollo vía su participación en programas conjuntos con socios extranjeros (principalmente, EE.UU.).

La NSS.

La NSS reviste una especial importancia por ser el primer documento de su clase, emitido en el Japón Post 2°GM. En cuanto a su contenido, la estrategia afirma que Japón debe de “contribuir proactivamente a la paz”; lo que podría significar superar contribuciones que se limitan a “lo logístico”, como fue su rol en Afganistán. Siguiendo a especialistas, se estaría buscando ser un aliado más simétrico de EE.UU., lo que necesariamente implica hacerse de mayores medios militares. En cuanto a los desafíos en el sistema internacional, la estrategia señala: El cambio en el equilibrio de poder (China), la proliferación de armas de destrucción masiva (Corea del Norte), el terrorismo (Medio Oriente, África del Norte y el suministro de petróleo) y los riesgos contra los espacios comunes tales como el mar, el espacio exterior, el cyber-espacio, etc. (China, China y de nuevo, China). Dentro de los espacios comunes, la estrategia enfatiza el mar dado que Japón – como Estado Insular – depende del comercio marítimo para subsistir y prosperar. Por lo tanto, necesita aguas internacionales abiertas y estables. De aquí pueden desprenderse dos lecturas: 1) El constante incremento de las capacidades de la armada china (más conocida por sus siglas en inglés, PLAN) representan una amenaza directa y 2) Casi de forma obvia se desprende que la Fuerza de Autodefensa Marítima y la Fuerza de Autodefensa Aérea de Japón, recibirán prioridad en el gasto militar. Finalmente, menciona los principales objetivos de Seguridad Nacional. 1) Fortalecer la disuasión – nuevamente se apela al instrumento militar – 2) Mejorar el ambiente de seguridad de Asia Pacífico vía el fortalecimiento de la alianza con EE.UU. – en gran medida, Tokio entiende que su autonomía no será vista como amenazante si, al mismo tiempo sostiene y profundiza su relación con EE.UU. –  y 3) Mejorar el ambiente de seguridad global vía un rol líder en la resolución de disputas – lo que parecería ser una política propia de las denominadas Potencias Medias –.

Por fuera de estas tres medidas es importante mencionar que para varios periodistas, Shinzo Abe busca una reinterpretación de la Constitución de Japón que le permita ejercer el derecho a la  defensa colectiva.

Conclusiones.

Gradualmente y sin romper la alianza con EE.UU., Japón busca incrementar su capacidad militar en función de sostener una política exterior más independiente. Tokio sospecha que Washington no se arriesgara a una guerra contra China por algo tan alejado a su interés nacional como son las Islas Senkaku/Daioyu. Consecuentemente, Tokio debe hacerse con los recursos militares que le permitan sostener su postura frente al creciente poderío chino. En síntesis, no sería incorrecto afirmar que la “normalización” de la estrategia internacional de Japón es directamente proporcional al desgaste de la unipolaridad. Y bajo esa misma ecuación, puede anticiparse que los grados de autonomía que Japón busque se corresponderán con la percepción de amenaza de China y el distanciamiento o desgaste que experimente EE.UU. en Asia Pacífico.

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